Y con ésta me despido

Nota a los que leen Cavilaciones a través de este blog: Esta última columna la dirijo a los que leen mi columna exclusivamente en el Diario Frontera de Tijuana. Mi blog seguirá activo y seguiré publicando otros artículos, quizás con menor frecuencia, aunque también sin la restricción de 500 palabras que es lo que exige el diario. Gracias a todos.

Cuando se publicó el primer artículo de Cavilaciones el 5 de mayo de 2011, pude cumplir el deseo que siempre tuve de ser el autor de una columna de opinión. Durante los primeros meses solamente cubrí los temas de educación, ciencias y tecnología, por una parte porque estos son los que más domino; por otra porque no sé de otro columnista que se enfoque exclusivamente en esto. Después empecé a escribir sobre otros temas de actualidad, en particular sobre la política en Estados Unidos y sus efectos en nuestro país. Desde el año pasado podría escribir todas las semanas solo acerca del niño arrogante y presidente Donald Trump, pero no lo hice para no aburrirlos. Le agradezco mucho a este diario no haber restringido ni censurado de ninguna manera mis artículos.

El primero de los 286 artículos que escribí se llamó Nuestro Español Cambiante, porque al regresar a México me di cuenta que el vocabulario que usamos hoy es muy diferente al de hace 40 años. Por ejemplo, me impresionó que se utilizara la palabra ocupar cuando la palabra correcta es necesitar. “¿Ya no ocupas el tenedor?”. También me di cuenta de lo que parece ser un repudio a los artículos. “La salida del vuelo 302 será por puerta 2”.

Otra ambición que siempre tuve era la de escribir un libro siguiendo el ejemplo de mi padre y mi abuelo, ambos prolíficos escritores. También pude lograr este deseo con la publicación en el año 2014 de Nuestro Mundo Digital, un texto basado en gran parte en los artículos de Cavilaciones. El total de las ventas de este libro fueron en beneficio del Patronato Pro Hospital General de Tijuana, en el cual trabajo como voluntario junto con un grupo excepcional de ciudadanos comprometidos con su noble causa. Después convencí a mi padre a que hiciera lo mismo con su última obra, Contrastes, Tijuana y el Sur de California en los años 1951-1955. Juntos tenemos la satisfacción de poder apoyar de esta manera al Patronato, cuya misión es la de ayudar a los niños con cáncer de bajos recursos que atiende el Hospital General de Tijuana (www.patronatohgt.org).

Agradezco a todos los que han leído mis Cavilaciones. Les doy las gracias por su aliento y sus comentarios, tanto los buenos como los malos. Aprendí mucho de ustedes. Pero todo llega a su fin y hoy me despido de ustedes con esta última columna.

El motivo de mi despedida no es el trauma de la página en blanco, el clásico temor de no saber de qué escribir. Afortunadamente siempre fue fácil para mí generar ideas simplemente observando lo que pasa en el mundo. Tampoco abandonaré mi actividad de comentarista de opinión. Lo haré con menos frecuencia a través de mi blog que continuará activo. O quizás exista muy pronto un programa de computadora de inteligencia artificial que escriba estas Cavilaciones como si fuese yo mismo. No lo duden porque Google acaba de invertir millones en un proyecto para generar reportajes. ¡Ni los columnistas están inmunes a los embates de la tecnología!

Tijuana Insegura

Se quebró la pantalla de mi celular y busqué en el Internet lugares en Tijuana en donde los reparan. Hablé a tres talleres y varias cosas me sorprendieron. Primero que todos me cotizaran la reparación en dólares. Segundo que el costo fuera el mismo y muy alto (¡$90 dólares!). Tercero el que al llegar al establecimiento que escogí, solo porque harían la reparación más rápido, notar que la puerta de entrada era una reja metálica sin chapa, como la de una cárcel, que se abría por dentro oprimiendo un botón.

asalto

Al entrar le pregunté medio en broma al dueño: “¿Por qué tanta seguridad? ¿Qué roban mucho aquí?”. Me contestó con otra pregunta: “¿Usted dónde vive?”. Le contesté que he vivido en Tijuana la mayor parte de mi vida. “¿Y nunca lo han asaltado?”, masculló continuando el interrogatorio. Al decirle que no me felicitó por mi buena suerte. Sus negocios han sido asaltados numerosas veces y nunca han arrestado a nadie. Para el dueño del negocio, una persona muy competente y amable, lo normal en Tijuana es que te asalten. Yo, hasta la fecha, soy una excepción. No solo los comercios de la ciudad están amurallándose. El consultorio de uno de mis amigos médicos tiene el mismo sistema de entrada.

Estamos presenciando la normalización de la inseguridad. Tristemente son tantos los asaltos y asesinatos en nuestra abatida ciudad que parece que ya estamos acostumbrados y cada vez menos alarmados. Pero por debajo de esa aparente apatía está la realidad de que vivimos con temor y en un constante estado de alerta que no conducen a una buena calidad de vida.

La forma en que nos damos cuenta que la inseguridad está empeorando es cuando sabemos que alguien cercano a nosotros ha sido víctima de un crimen. Tengo el privilegio de pertenecer a un grupo de amigos que nos reunimos todos los miércoles a comer. La semana pasada, cuando disfrutábamos nuestro convivio, uno de los miembros del grupo recibió una llamada de su madre, de 72 años de edad, para comunicarle que la acababan de asaltar en un centro comercial en el Blvd. Díaz Ordaz. Al salir de una tintorería, a plena luz del día, un individuo le presionó una pistola en las costillas y le pidió que le entregará su bolsa. Al hacerlo la empujó contra su carro y se golpeó con uno de los espejos retrovisores. Después apuntó la misma pistola a su amiga, quien estaba dentro del auto, y también le robó su bolsa. El asaltante corrió a un carro que lo esperaba y se fugó. No arrestaron a nadie.

Confieso que me impactó mucho el asalto a la madre de mi querido amigo. Me indigna sentirme impotente y no saber qué puedo hacer para prevenir estos crímenes para que nuestra ciudad goce del ambiente de seguridad que nos merecemos los tijuanenses. Me entristece leer todos los días en este periódico y en otros los reportajes sobre robos, asaltos y asesinatos. Pensé que lo mínimo que podía hacer es escribir estas Cavilaciones.

 

El gobierno espía a sus ciudadanos

El diario New York Times publicó el lunes 19 de junio un reportaje que alega que el gobierno federal de México espía ilegalmente a los ciudadanos que le resultan incómodos. El artículo es devastador porque es muy difícil de refutar.

spy

La herramienta de spyware (software para espiar), llamada Pegasus, la desarrolló la compañía israelí NSO Group, que solo vende su producto a instituciones gubernamentales de todo el mundo con el fin de combatir el terrorismo y el crimen organizado. Funciona de la siguiente manera: a las víctimas se les envían mensajes de texto a sus teléfonos celulares para inducirlos a que hagan click en alguna parte de la pantalla. Esta es una variación de la técnica de phishing que utilizan los ladrones comunes para robar identidades y solicitar rescates del secuestro de datos (dediqué mis Cavilaciones a este tema en el mes de abril y las pueden leer en mi blog). En este caso, desde momento de hacer click, los espías pueden escuchar las llamadas, leer los mensajes de texto, inclusive los cifrados, leer los correos electrónicos y ver los calendarios de las víctimas.

En esta era digital, en donde los terroristas y el crimen organizado utilizan la tecnología para lograr sus objetivos, Pegasus es una herramienta invaluable. Empresas como Apple y Facebook siguen la doctrina de proteger la privacidad de sus clientes, algo que puede impedir que las autoridades investiguen delitos. Ya hubo un caso famoso en el que Apple rehusó ayudar al FBI a abrir el iPhone de un terrorista. ¿Por qué estas empresas quieren proteger tan celosamente la información de sus clientes? Porque entienden que cada día hay mas tipos de crímenes digitales y que la mejor manera de prevenirlos es proteger los datos privados. Si la acusación del NYT resulta cierta, no solo son los criminales a los quienes hay que temerles, sino también al mismo gobierno cuando hace mal uso de las herramientas de espionaje.

Entre las personas que supuestamente ha espiado el gobierno federal (no hay manera de probarlo), se encuentran los críticos del gobierno, incluyendo los abogados de los 43 desaparecidos de Ayotizanapa, Carmen Aristegui y su hijo, Carlos Loret de Mola y muchos otros más. Se puede comprobar que han sido víctimas de espionaje porque el spyware deja huellas en el teléfono.

NOS Group afirma que su contrato especifica que el uso de Pegasus será solo para combatir el crimen y el terrorismo. Instalan el producto ellos mismos y dicen que es imposible replicarlo en otros sistemas. Pero tampoco tienen la manera de, ya estando instalado, monitorear su uso.

Bajo las leyes mexicanas, solo un juez federal puede autorizar el monitoreo de las comunicaciones privadas, y solo cuando existe una razón que lo justifique. Es dudoso que un juez aprobara vigilar a ciudadanos cuyo principal propósito es defender la libertad de expresión y luchar contra la corrupción. ¿No?

Todo esto demuestra, una vez más, que los avances tecnológicos son armas de dos filos. No existe una sola tecnología que se haya inventado para el bien común que no se utilice también para perjudicarnos.

Los Poderes de Trump

Esta mañana vi un reportaje en el programa matutino CBS this Morning de la primera junta del gabinete completo de Donald Trump en donde uno por uno el Vice Presidente, los secretarios y otros funcionarios se turnan para alabar a Trump afirmando el honor y el privilegio que es para cada uno de ellos servir al presidente. Reince Priebus, el Jefe de Personal de la Casa Blanca, en un derroche exagerado de efusividad, dijo lo siguiente: “de parte de todo el personal a su alrededor, señor Presidente, le damos las gracias por la oportunidad y la bendición que usted nos ha dado de servir a su agenda y a los americanos”. Lo primero que me vino a la mente son las palabras populares barbero y arrastrado.

Trump

Quizás los miembros del gabinete de Trump saben que la única manera de desempeñar sus trabajos, los cuáles muchos están arrepentidos de haber aceptado, es “seguirle la onda” a Trump para no provocar sus burlas y su furia. Trump vive en una burbuja cuyo oxígeno es la lealtad y las alabanzas de sus seguidores. En esa misma junta, Trump afirmó a los reporteros que con muy pocas excepciones, ningún presidente de Estados Unidos ha logrado tanto en tan poco tiempo. Esto es falso, puesto que sus logros han sido primordialmente cancelar los decretos de su predecesor. Su único éxito que involucró al Congreso fue la nominación del Neil Gorsuch, el nuevo juez de la Suprema Corte de Justicia.

A pesar de que muchos juzgamos su presidencia como desastrosa para su país y el resto del mundo, Trump no ha perdido el apoyo de su base política ni la de su partido. Los que tienen la esperanza de que Trump sea destituido tienen los momios en su contra. El presidente de Estados Unidos solo puede ser enjuiciado políticamente por “actos de traición, soborno y otros crímenes y delitos menores”. No existe una definición clara de qué son “otros crímenes y delitos menores”.

El presidente tiene amplios poderes. Tiene el poder de despedir a Robert Mueller, el fiscal especial que nombró el Departamento de Justicia para investigar la posible colusión entre Rusia y la campaña presidencial de Trump, sin tener que explicar el motivo.

Trump es simétrico porque corresponde a la lealtad que le exige a sus colaboradores. El embrollo en que se encuentra se debe en gran parte a su afán de proteger al general Michael Flynn, su anterior asesor de Seguridad Nacional que solo duró dos semanas en su trabajo después de descubrirse que le mintió al Vice Presidente Pence y al Congreso al no declarar sus asuntos posiblemente ilegales con Rusia y Turquía. Si consignaran a Flynn, Trump tiene el poder de otorgarle un perdón sin que nadie pueda evitarlo.

Pocos niegan que Trump es un individuo amoral, egocéntrico y con un déficit enorme del sentido de ética profesional. Estos no son motivos legales para destituirlo. Además cuenta con la mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados. Por lo tanto la probabilidad de enjuiciarlo es muy remota.

Robots y trabajos

Hay una técnica que dice que para predecir los posibles efectos de una nueva tecnología, hay que analizarlos desde los extremos. En el caso de los robots pensaríamos en cuáles serían las consecuencias si estos pudiesen realizar la mayoría de los trabajos. Los automóviles autónomos, por ejemplo, ya casi son una realidad y esto implica el posible desplazamiento de millones de choferes. Las fábricas hoy producen más que antes con menos empleados. Los robots de software pronto podrán hacer el trabajo de los operadores de los centros de atención al cliente. Desde hace mucho tiempo las reservaciones para vuelos y hoteles se hacen automáticamente sin la intervención de un humano. No existe ningún trabajo que no esté en riesgo de afectarse por la llegada de un robot.

robots

Repito la pregunta, ¿qué pasaría si los robots desplazan los trabajos de la mitad de la humanidad? Las empresas que se automatizan ganarían más utilidades que nunca. En el extremo, los únicos beneficiados serían los accionistas de las empresas mientras que el resto de la población se quedaría sin ingresos para sobrevivir.

Esto sería social y moralmente inaceptable. ¿Cuál sería la respuesta de la población? ¿Destruir a los robots? ¿Prohibirlos? Esta estrategia nunca ha funcionado. Los luditas del siglo XIX sostuvieron en Inglaterra una guerra de 5 años en contra de las fábricas textiles que adoptaron máquinas tejedoras, provocando el desplazamiento de miles de empleados que anteriormente hacían el trabajo de las máquinas. La guerra terminó cuando el gobierno usó las fuerzas armadas para suprimir a los inconformes. Ganaron las máquinas.

La automatización siempre ha causado disrupción desde que se inventó la rueda. Los cambios antes de este siglo fueron lentos porque así era como avanzaba la tecnología. Estos cambios del siglo pasado ayudaron a Trump a ganar las elecciones. Su base política esta cimentada en los trabajadores de cuello azul que perdieron sus empleos en las fábricas y minas en el llamado Rust Belt de Estados Unidos. Trump les prometió que regresarían los trabajos con los mismos sueldos en las minas de carbón y las fábricas de automóviles, algo que no va a suceder. Hoy la tecnología está avanzado más rápido que nunca en la historia y los riesgos para la humanidad son mayores.

Al mismo tiempo que desaparecen los trabajos se crean otros, pero con diferentes requerimientos. Una solución es establecer programas de entrenamiento para que los trabajadores desplazados adquieran nuevas habilidades para sobrevivir en esta nueva economía de tecnología electrónica y servicios. Un obstáculo para esta estrategia es el bajo nivel de educación de estos trabajadores. Otro es que los gobiernos no quieren gastar programas de entrenamiento (¡cada quien que se las arregle como pueda!).

Cuando llegue el día en que las máquinas lo hagan todo ya no se habrá nuevos trabajos. Aquí llega el momento de pensar en una solución radical: un salario universal del gobierno para todos. Esta idea no es nueva pero adquirió un nuevo ímpetu cuando la propuso Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, el mes pasado en la ceremonia de graduación de Harvard.