La Educación en México y Estados Unidos

Más de una cuarta parte de los estudiantes abandonan la escuela o no terminan la secundaria. Hay millones de jóvenes que ni trabajan ni estudian. El 75 por ciento no pueden conseguir empleo porque carecen de diploma de secundaria, tienen antecedentes penales, o no poseen la condición física para hacerlo.

Qué alarmantes datos estadísticos, ¿verdad? Pero no son de México, sino de Estados Unidos, los cuales reportó el Secretario de Educación norteamericano Arne Duncan en un discurso a fines del año pasado. Desgraciadamente las estadísticas de nuestro país no son mejores.

Los líderes y gobernantes de Estados Unidos consideran que es necesaria una transformación del sistema educativo para que su país no continúe su declive en comparación con otros que le están pisando los talones. Sus homólogos en México claman lo mismo pero para que el país pueda verdaderamente competir en la nueva economía mundial basada en el conocimiento. México y Estados Unidos tienen sistemas de educación radicalmente diferentes, y sin embargo sus modelos no satisfacen sus necesidades individuales.

¿Porqué no funcionan bien ni el uno ni el otro? Responder a esta pregunta no es fácil y requiere un extenso estudio comparativo. Mi intención aquí no es señalar que sistema es mejor que el otro, sino solo hacer unas cuantas observaciones generales acerca de las diferencias y conformidades que tenemos con nuestros vecinos del norte en la materia educativa.

Las políticas educativas estadounidenses se manejan a nivel local. Los distritos escolares, la gran parte de ellos municipales o de condado, tienen la autoridad para dictar qué es lo que los estudiantes deben aprender. Cada distrito escolar tiene un consejo directivo cuyos miembros son elegidos por el voto popular. Se lucha por los votos de la misma forma que en otras campañas políticas en donde los candidatos venden sus ideas y tratan de diferenciarse de sus contrincantes. Las plataformas de los candidatos se alinean con sus creencias religiosas y sus posiciones políticas, ya sea conservadoras o liberales.  Debido a esto, lo que aprende un estudiante en un distrito escolar de California es diferente a lo que aprende un estudiante en Kansas. En ese estado, el cual es muy conservador, por ejemplo, absurdamente se enseña que la teoría de la evolución de Darwin es solo una hipótesis con igual mérito que el diseño inteligente o el creacionismo.

En México, en contraste, persiste la visión Jacobinista y paternalista del siglo XVIII en la cual el gobierno federal se considera a si mismo como el mejor indicado para decidir qué es lo que deben aprender nuestros estudiantes en todo el país. La supuesta federalización de nuestro sistema educativo no ha logrado la libertad de permitir que los estados o municipios adapten los programas de enseñanza a sus realidades locales. En México, por ejemplo, todos los estudiantes de secundaria siguen el mismo programa de 32 de 35 horas de clase a la semana dictadas por el gobierno federal. Las restantes tres horas las regulan los departamentos de educación estatales. No existe la influencia local. Es más, en México el gobierno federal dicta los métodos de enseñanza que deben utilizarse. No se permite la competencia que podría ser la fuente de ideas nuevas que mejoren los sistemas.

La educación en Estados Unidos la ofrece principalmente el sector público con fondos provenientes primordialmente del nivel local, con complementos estatales y federales. Los gobiernos estatales generalmente determinan los exámenes estandarizados y las normas educativas. Sin embargo, los distritos escolares locales tienen jurisdicción sobre los presupuestos. La mayoría de los fondos para la educación provienen de los impuestos prediales y por lo tanto la inversión anual por estudiante varía de acuerdo con la riqueza del estado y del distrito.

La gran parte de los fondos para la educación en México provienen del gobierno federal, el cual divide el presupuesto anual entre los estados y asigna cantidades etiquetadas para uso exclusivo en los sistemas de educación estatales. Dado que el gobierno federal proporciona estos fondos, éste tiene el poder de regir cómo deben utilizarse.

Se critica mucho en México el individualismo de la cultura Norteamericana. Esta forma de pensar se filtra a las políticas educativas a nivel local. Podríamos decir que este individualismo se manifiesta en la variedad de los sistemas educativos que reflejan las creencias locales. En Estados Unidos existe una verdadera aversión al control federal sobre la educación. Por bien o mal, se repudia aun más la influencia de organizaciones mundiales, tales como las Naciones Unidas.

En nuestro país se adoptan con entusiasmo las ideas que proponen las organizaciones mundiales de la educación. Durante los últimos diez años se ha estado implementando en México un nuevo sistema de enseñaza apoyado por la UNESCO basado en competencias, el cual consiste en encapsular ciertos principios holísticos en todas las materias, tales como la gramática, la reafirmación asidua de los valores morales, y la promoción de un ambiente de colaboración y auto construcción. En este método de enseñanza, los maestros dejan de ser expositores expertos y se convierten en supervisores de la auto-enseñanza de los estudiantes. No es mi intención juzgar el valor de esta filosofía, pero si cuestiono la estandarización puesto que no permite que haya innovación y competencia.

Algo que México y Estados Unidos sí tienen en común son las organizaciones sindicales de maestros, las cuales generalmente se oponen a las reformas educativas que afecten su influencia y su patrimonio. En California, el ex-gobernador Schwarzenegger inició su primer gobierno con grandes ideas para mejorar la educación del estado a través de una mejor capacitación para los maestros, de propuestas para que los salarios fueran basados en mérito y no en antigüedad, y para establecer un sistema de exámenes para depurar a los maestros menos competentes. Hubo muy pocos cambios debido a la oposición organizada del poderoso sindicato de maestros. Lo mismo sucede en México.

Una medida utilizada para comparar los sistemas educativos del mundo es el número de días del año en el aula. En los países que recientemente saltaron varios escaños en las clasificaciones internacionales de la educación, tales como Corea y Singapur, los estudiantes van a la escuela más de 240 días al año. Tanto en México como en Estados Unidos los estudiantes van menos de 190, lo cual los pone en desventaja con otros estudiantes del mundo.

Quiero enfatizar que los maestros no son los responsables de las deficiencias de nuestro sistema educativo. Ellos son verdaderos héroes que trabajan muchas horas dentro y fuera del aula, en condiciones a veces no envidiables y recibiendo sueldos muy bajos. Es el sistema el que necesita una transformación radical.

Tony Wagner, un experto en educación de la Universidad de Harvard, y autor del libro “La Brecha Global del Desempeño”, explica que hay tres habilidades básicas necesarias para triunfar en la nueva economía mundial basada en el conocimiento: la habilidad de pensar críticamente; la habilidad para comunicarse efectivamente, y la habilidad de colaborar. Para lograr estos objetivos, tanto México como Estados Unidos necesitan transformar la esencia misma del maestro.

Los países con éxito educativo más reciente de acuerdo con las pruebas internacionales que miden estas habilidades, tales como Dinamarca y Finlandia, han invertido mucho en la metamorfosis de la profesión de maestro. Esta inversión se aplica para reclutar excelentes candidatos para maestros, reformar la carrera universitaria, y facilitar mejores salarios. En estos países es igual de difícil ser admitido a una universidad para la carrera de maestro como lo es para entrar a las escuelas de medicina o de ingeniería. Solo se admiten quienes aprueban rígidos exámenes de admisión. El magisterio deja de percibirse como una sub-profesión y los maestros gozan del mismo prestigio que otros profesionales universitarios.

Tanto México como Estados Unidos tienen una ardua tarea para poder reformar sus sistemas educativos. Estados Unidos lo necesita para no seguir decayendo. México para poder salir de la ciénaga que no nos permite seguir los pasos de otros países con menos recursos que se han convertido en potencias mundiales en las últimas décadas. México no ha tenido su milagro. El camino a ese milagro debe trazarse con una reforma educativa que nos permita capacitar a nuestros maestros y a nuestra juventud para afrontar los retos del siglo XXI.

Una respuesta a “La Educación en México y Estados Unidos

  1. Muy interesante. Tambien valdria la pena analyzar el papel de las escuelas privadas y como estas afectan la ensenanza en las escuelas particulares.

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