La Tecnología y la Pornografía

Cuando mi hijo cumplió 15 años hicimos juntos un viaje a Europa en donde visitamos varios países. En Italia visitamos las maravillosas ruinas de Pompeya, con su magnífico diseño urbano que hoy en la actualidad, 6,000 años después, podría ser la envidia de muchos países. Al salir de las ruinas, se nos acercó un joven con una carpeta grande y nos preguntó si queríamos ver unos grabados romanos antiguos que él estaba vendiendo. Respondimos que sí y al abrir su carpeta nos dimos cuenta que estos eran de imágenes pornográficas de lo más gráficas en las cuales participaban no solo humanos sino también seres mitológicos. Mi observación aquí es que la pornografía ha sido parte de la humanidad desde hace miles de años. Lo que ha cambiado radicalmente es la facilidad de acceso a los materiales pornográficos. En la actualidad, con increíble simplicidad se puede obtener acceso a contenido pornográfico desde cualquier dispositivo conectado al Internet, como por ejemplo un teléfono celular.

Hace muchos años las películas pornográficas se exhibían en salas de cine públicas de mala muerte porque los videntes no poseían el equipo para proyectarlas en privado. Cuando se inventaron las ya casi extintas video-caseteras desaparecieron las salas de cine para adultos. La pornografía ha sido la principal impulsora de muchos avances tecnológicos, desde la imprenta hasta el Internet de banda ancha, pasando por las video-caseteras, los CD-ROMs y los DVDs.

En la época de las salas de cine, los menores de edad no podían entrar a éstas. Las compañías que rentaban películas para adultos no las facilitaban a menores de edad. Si este material estaba presente en algún hogar, podía fácilmente guardarse bajo llave. ¿Pero como protegemos a nuestra niñez en la era del Internet de banda ancha en donde millares de sitios ofrecen instantáneamente películas para adultos sin costo alguno? No hay respuesta fácil.

Los filtros de contenido para adultos no funcionan porque siempre habrá la manera de esquivarlos. El desarrollo de sistemas de protección de datos privados, del cifrado de información y de las vacunas contra los virus está en manos de las mentes más capaces del mundo que constantemente ingenian nuevos algoritmos supuestamente inviolables. Desgraciadamente, hay otro grupo de gente igualmente capaz cuyo objetivo es crear nuevos virus y encontrar la forma de vencer los sistemas de protección. A eso se debe la lucha constante contra los virus destructores. A eso se debe también la batalla que Sony está actualmente librando contra un grupo de hackers denominado Lulz Security, cuya misión es destruir la compañía. Lulz ha comprometido uno de los bancos de datos de Sony de donde extrajeron los números de tarjeta de crédito y las contraseñas de 100 millones de clientes. Cuando hay un obstáculo al acceso libre a la información, los hackers trabajan juntos para descubrir cómo esquivarlo y las técnicas para lograrlo se publican en sitios de Internet que cualquier persona puede consultar.

Esto no significa que las compañías que desarrollan sistemas de protección deban desistir de sus esfuerzos por encontrar soluciones. Pero tampoco es razonable responsabilizar a éstas de un problema verdaderamente complejo. En cuanto a las páginas de Internet, este año se aprobó la creación de una nueva terminación, .XXX, para los nombres de dominios de Internet con contenido para adultos. La adopción de esta nomenclatura podría tener un efecto positivo al poderse bloquear las páginas cuyo nombre termine en .XXX, pero desgraciadamente esta terminación es de uso voluntario, lo cual nulifica totalmente su eficacia.

¿Qué hacer entonces? Como también lo ha sido desde hace miles de años, la responsabilidad está en los padres. Si yo tuviera hijos chicos, yo hablaría con ellos sobre este tema y constantemente les inculcaría mis valores morales. Si yo quiero impedir que mi hijo menor de cierta edad vea pornografía, yo no lo dejaría solo enfrente de una computadora. Yo no le daría un teléfono con acceso al Internet. Yo vigilaría quienes son sus amigos y hablaría con los padres de esos amigos para ver si concuerdan con mi criterio. Sin la supervisión de los padres, la guerra está perdida.

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