¿Estamos Perdiendo la Memoria?

Hace algunos años presenté un trabajo técnico en un congreso sobre computadoras ergonómicas, cuya característica principal es que se integran de una manera u otra a nuestra vestimenta. Estas computadoras las utilizan principalmente trabajadores móviles que no están sentados frente a un escritorio y que típicamente necesitan usar sus manos y sus ojos para hacer sus labores. La computadora ergonómica se coloca en una mochila o en un cinturón mientras se efectúan las tareas y el trabajador se comunica con ella usando su voz. Para esta comunicación verbal se utiliza un auricular y un micrófono.

La conferencia no se enfocó solamente en este tipo de aplicación. Hubo numerosas pláticas acerca de productos ya existentes y otras sobre proyectos de investigación en universidades. Uno de estos proyectos de investigación me llamó mucho la atención y nos puede dar una idea de un futuro tecnológico complementario a las nuevas redes sociales.

Un grupo de estudiantes de doctorado del Laboratorio Mediático del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT por sus siglas en inglés) ha dedicado muchos años al desarrollo de las computadoras ergonómicas para uso popular. Además de la capacidad de reconocer lo que dice un humano, también tienen como accesorios una cámara miniaturizada enfocada en la dirección de lo que ve el usuario y una pantalla integrada al auricular para que éste pueda ver lo que ve la cámara, todo esto complementado visualmente con información que uno requiera en el momento.

Los proponentes de esta tecnología predicen un mundo en el cual todos nosotros estaremos armados con computadoras de este tipo. Al ponernos en contacto directo con otra persona, al verle la cara, la cámara también la ve y usando tecnología de reconocimiento facial identifica a la persona y en la pantalla aparecen datos que yo haya ingresado anteriormente, tales como su nombre, los nombres de sus hijos, cuándo lo conocí, y cuando lo vi la última vez. Dada esta información puedo decirle: “Hola Francisco, que gusto me da verte. ¿Cómo está tu hija María? Ya hacía tres meses que no nos veíamos”. Esto a una persona que sin el uso de esta tecnología es posible que nunca me acordaría ni quien es. Extrapolen esto un poco a que mi computadora ergonómica también en ese momento se conecte a Facebook en dónde puedo ver más información sobre mi ciberamigo, tomarle una foto y ponerla en mi página con algún comentario que yo dicte.

Hay muchos problemas técnicos que se resolverán con el tiempo para hacer que este tipo de tecnología sea viable. Los estudiantes de MIT no sólo están comprometidos al desarrollo de los dispositivos de la tecnología, sino también a la experiencia de usarlos. Como todavía no hay forma de integrar los dispositivos sin usar cables, uno de los estudiantes llevaba la cámara y la pantalla de su computadora montadas en un bombín negro como los que usaba Fred Astaire en sus bailes con Ginger Rogers. Los cables los escondía en su espalda cubiertos por un saco de frac negro. Este estudiante todos los días se despierta, se baña, y se pone su bombín y su saco de frac el resto del día para vivir esta experiencia.

¿Esta tecnología es buena o mala para los seres humanos? La opinión está dividida como en todo lo que se relaciona a cambios rápidos en nuestras vidas. Lo que sí creo es que es inevitable. Ya está establecido que muchos de nuestros jóvenes no leen libros porque no lo consideran necesario dado que no hay nada que quieran averiguar que no puedan guglear en un instante en el Internet, no importa donde estén. Nuestra memoria y nuestros conocimientos poco a poco se están exportando de nuestro cerebro al ciberespacio y confiamos cada día más en nuestra rúbrica cibernética para apoyar nuestras actividades cotidianas.

Todos tendremos una memoria excepcional en el futuro porque estará a nuestro alcance con unos cuantos comandos electrónicos usando dispositivos que no imaginamos hoy. Pero esto no es diferente que un buen amigo mío que tiene una memoria excepcional usando mucho menos tecnología. Cuando le pregunto: “Oye Enrique, ¿En qué hotel nos quedamos en Cancún cuando fuimos hace creo que 20 años?”. “¡Aída!”, le grita a su esposa, “¿En que hotel nos quedamos en Cancún cuando fuimos hace 20 años?”, y la respuesta correcta nunca falla.

Una respuesta a “¿Estamos Perdiendo la Memoria?

  1. No espere hasta el lunes, tu amigo enrique mendez

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