La Ley De Moore

A principios de los años 1970, Carver Mead, profesor del Instituto Tecnológico de California (Caltech) y uno de los pioneros del desarrollo de circuitos electrónicos de alta densidad, promulgó la Ley de Moore en honor a Gordon E. Moore, uno de los fundadores de la compañía Intel, la cual fabrica la mayoría de los componentes de los millones de computadoras que usan el sistema operativo Windows. La Ley de Moore dice que el número de componentes que se pueden integrar en un circuito electrónico (en un chip) se duplica cada dos años. La ley de Moore sigue cumpliéndose desde hace más de 40 años y se espera que esto continúe por los siguientes veinte o más.

A este tipo de crecimiento se le llama exponencial. Si hace 40 años un circuito electrónico podía tener, digamos, 1,000 componentes, hoy en día puede contener un millón de veces más. Esto se logra cada dos años usando menos superficie y a mucho menor costo. Un millón de componentes caben en una superficie menor a la que cabía un solo componente hace 40 años y el precio es más barato. A eso se debe que hoy en día un solo teléfono iPhone tenga un poder computacional mayor al que existía en todo el planeta hace 40 años.

Estos asombrosos resultados, que a la vez son casi incomprensibles, van a transformar al mundo cada vez con mayor rapidez. ¿Cuáles son algunos de estos cambios? Primero veamos que significan estos avances en términos prácticos. Cabe aclarar que además de más pequeños, los circuitos electrónicos son cada vez más rápidos. El aumento en el número de componentes hace que las computadoras sean cada vez más poderosas y que con su ayuda puedan atacarse muy rápido problemas que hasta recientemente tardaban años en resolverse. Por ejemplo, la decodificación del genoma humano se tardó años principalmente por obstáculos presentados por las limitaciones de los sistemas de cómputo. Los futuros avances en el ramo de la medicina, especialmente en el ramo de la medicina genética, se deberán principalmente a la rapidez de las computadoras.

Los avances a pasos agigantados no solo ocurren en los circuitos electrónicos, sino también en la velocidad de los canales de comunicación y en la capacidad y velocidad de los medios de almacenaje de datos. En 1981, estando en Estados Unidos, fundé una compañía desarrolladora de software cuando apenas acababan de salir al mercado las primeras computadoras personales de IBM. Para iniciar esa compañía, tuve que hipotecar mi casa para poder comprar un disco duro de 10 megabytes que costó $8,000 dólares. El disco era como del tamaño de dos cajas de zapatos, era lentísimo, y hacía un ruido como de perro ronco. Hoy en día puedo adquirir un disco mil veces más rápido, no más grande que dos rebanadas de pan, el cual puede almacenar 10,000 veces más información por menos de $200 dólares, 40 veces más barato que mi primer disco duro. A eso se debe el crecimiento de compañías como Google, una de cuyas misiones es poner en línea todo el contenido creado por la humanidad, desde los jeroglíficos egipcios, todos los libros en todos los idiomas, todas la imágenes de cualquier tipo, toda la música y todas las películas. Toda esta información estará disponible desde cualquier dispositivo conectado al Internet.

Siguiendo el actual ritmo de avance en la miniaturización de los componentes electrónicos, en menos de 20 años habrá componentes del tamaño de una célula, lo cual pronostica dispositivos electrónicos que naveguen en nuestra sistema circulatorio monitoreando nuestra sangre y descubriendo tempranamente células dañinas para prevenir enfermedades.

En un artículo anterior mencioné que hasta hace poco nadie hubiera creído que las computadoras pudieran vencer a los humanos en el juego de ajedrez y en juegos de cultura general que requieren analizar frases gramaticalmente para entender preguntas y poderlas contestar. Ahora es un hecho. Muchos dudan que una computadora algún día pueda llegar a tener conciencia de si misma. El argumento es que nuestro cerebro tiene un número muy grande de neuronas y de interconexiones entre éstas que es lo que hace que nosotros seamos seres concientes de nuestra propia existencia. Pero en pocos años existirán computadoras con el equivalente de más neuronas que el cerebro del hombre. No es inalcanzable que éstas puedan llegar a ser más inteligentes que un humano y que algún día nos puedan ayudar a resolver problemas que nosotros no podemos.

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