La Avalancha del Contenido Digital. Primera Parte.

Todo el contenido de la información del mundo está convirtiéndose a medios electrónicos. Las industrias que mercadean y distribuyen contenido han resistido la revolución tecnológica colocando obstáculos técnicos y legales en el camino los cuales inevitablemente resultan fútiles.

La primera en sufrir los embates de la tecnología fue la industria de la música con la llegada de los discos compactos que registran la música con unos y ceros como cualquier otro contenido digital, ya sea un dibujo o un documento. Al traspasar a una computadora el contenido de un disco musical, éste ya tiene la puerta abierta para entrar al Internet y distribuirse por todo el mundo, aunque sea violando las leyes de derecho del autor. En el 2001 la compañía Napster fue la primera en aprovechar esta puerta creando un sistema el cual hacía posible compartir libremente la música entre las computadoras conectadas al Internet. Solamente tenía que instalar en mi máquina el programa gratuito de Napster, copiar mi canción favorita al disco duro, y ya. Para facilitar el proceso, Napster creaba un índice que contenía toda la música que todos los usuarios del producto tienen en sus máquinas. Si alguien en China estaba buscando esa misma canción, la encontraba en mi máquina o en otra y se copiaba a la suya. Todo esto se lograba con relativa anonimidad.

Era tan flagrante la violación de los derechos del autor y el robo de contenido que las alarmadas compañías disqueras presionaron al Departamento de Justicia del gobierno de Estado Unidos para que tomara cartas en el asunto, lo que dio como resultado en que Napster cerrara temporalmente sus puertas. Napster aún existe hoy bajo otro modelo que no viola las leyes y actualmente es parte de la empresa Best Buy. Sin embargo, hay muchas otras compañías, o simples grupos de personas, que hoy distribuyen todo tipo de contenido, ya sea música, películas o programas de televisión, de la misma manera que lo hacía ilegalmente Napster. No es fácil contener esta avalancha debido a la misma naturaleza abierta del Internet. Es como el juego de Whack-a-Mole, le pega uno en la cabeza a un topo con un martillo y aparece otro topo en otro hoyo.

El resultado final es que las compañías disqueras tuvieron que sucumbir y aceptar trabajar con compañías respetables para ofrecer su contenido en forma digital. Nadie mejor que Apple aprovechó esta oportunidad para crear la tienda iTunes. Ésta abrió sus puertas virtuales en abril de 2003 y cinco años después se convirtió en la tienda de música más grande del planeta. Hasta la fecha iTunes ha vendido más de 16 mil millones de canciones. Toda esta música no existe corporalmente, son unos y ceros que viajan desde los servidores de iTunes hacia mi dispositivo conectado al Internet, ya sea mi computadora Windows o mi iPhone.

En 1998, la industria disquera vendió casi 14 mil MDD en discos compactos. En el 2010, las ventas fueron menos de 3 mil MDD. Las ventas hoy son menos de cuatro veces lo que eran hace apenas 13 años. Y la tendencia sigue, pronosticando la desaparición de los discos compactos como método principal de distribución de música.

Siempre ha existido la copia ilegal de contenido de cualquier tipo. Cuando desaparecieron los discos de vinilo hubo una época efímera de las caseteras de 8 pistas hasta llegar a los todavía recientes casetes compactos, los cuales nacieron de la industria de las máquinas para tomar dictado. Algunos de mis lectores recordarán que muchos copiábamos casetes de música (ilegalmente) para compartir con nuestros amigos. Los verdaderos aficionados creaban sus propias compilaciones. Y en países como México y China en cualquier mercado se podían comprar casetes ilegales de la música más popular. Lo mismo sucedió con los discos compactos.

Estas copias ilegales, aunque eran un dolor de cabeza para las compañías disqueras, no constituían un riesgo mayor a la supervivencia de la mismas debido a que el medio y el proceso de distribución eran limitados por factores físicos. Había que comprar casetes o discos compactos vírgenes, reproducir las etiquetas, y reproducir cada uno en bancos de copiadoras relativamente lentas.

Lo que cambió todo fue la disponibilidad del contenido en el Internet. El esfuerzo para copiar un disco es mínimo y la posibilidad de distribución al resto de la humanidad es ilimitada.

Continuaremos la siguiente semana.

Una respuesta a “La Avalancha del Contenido Digital. Primera Parte.

  1. Interesting article at least I think so. Thnx for posting that information.

    Tim Torson
    cell phones jammer

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