La Avalancha del Contenido Digital. Segunda y Última Parte.

La migración del contenido de todo tipo, ya sea música, películas, imágenes o libros, a formato digital, le ha dado una nueva residencia a esta información. En vez de almacenarse en repisas y libreros, hoy en día reside en nuestras computadoras, teléfonos y otros dispositivos electrónicos ubicuos. Estos dispositivos en su mayoría están conectados al Internet. La disponibilidad de líneas de conexión al Internet de alta velocidad, lo cual significa que podemos bajar una canción en unos cuantos segundos, fomentó la distribución ilegal de su contenido. La primera industria que tuvo que transformarse para sobrevivir fue la industria disquera, la cual ha disminuido sus ventas por más de 10 años consecutivos.

Algo similar está ocurriendo con la industria de cine y televisión. Hace apenas un par de años para ver una película en una computadora había que esperar horas para bajarla. Hoy no es necesario hacerlo porque es tan rápido el Internet que se pueden ver directamente como si fuera un canal de televisión. Hay cientos de sitios de Internet que distribuyen películas y programas de televisión ilegalmente. Compañías americanas como Netflix y Hulu lo hacen en forma legal.

El Internet también facilita el acceso a información que anteriormente se podía controlar por motivos comerciales. Por ejemplo, cuando juegan los Xolos en Tijuana, el partido no se transmite por televisión para proteger al equipo y prevenir que la gente no vaya al juego por verlo en televisión. Sin embargo los juegos de todos los equipos de fútbol se transmiten por Internet. Puedo conectar mi laptop a mi televisión y verlos como si fuera un canal normal. Es evidente que todos los modelos comerciales de distribución de contenido y servicios están en estado de flujo debido a la influencia del Internet.

Los libros electrónicos son cada vez más populares en el mundo, aunque no en México. El contenido en sí de un libro electrónico se puede ver en cualquier computadora. Los llamados libros o lectores electrónicos son computadoras diseñadas específicamente para reemplazar a los libros impresos. Son pequeñas y livianas y tienen muchas ventajas sobre un libro impreso. Para empezar, un lector electrónico me permite tener mi biblioteca completa a mi alcance en cualquier lugar donde yo me encuentre. Los lectores tienen acceso a un diccionario en el cual yo selecciono una palabra y me dice su significado. Puedo hacer anotaciones en los márgenes y buscarlas después con facilidad.

Hay muchos modelos de lectores electrónicos en el mercado. El llamado Kindle de la compañía Amazon mide 8 milímetros de grosor, pesa 240 gramos, tiene capacidad para 3,500 libros y la batería dura un mes antes de recargarla. Tiene conexión al Internet para comprar libros y revistas en cualquier lugar del mundo. El modelo más económico cuesta $79 dólares. En la tienda en línea de Amazon hay 800,000 libros disponibles y el precio por libro es de $10 dólares. Lo único que le falta es el olor a papel de libro que a muchos nos gusta y no dudo que un día se ofrezca esta característica.

Ha habido recientemente mucha discusión en México acerca de la industria editorial. México es uno de los países con más bajo índice de lectura de Latinoamérica. Los libros son carísimos y esto no ayuda a la causa. La reciente decisión de la Suprema Corte de Justicia de la nación que prohíbe hacer descuentos a los precios de los libros es francamente una tragedia.

El precio de los lectores de libros, como el de todos los productos electrónicos, seguirá bajando vertiginosamente. En corto tiempo habrá lectores de menos de $40 dólares, lo que puede costar en México un par de libros impresos. Las fuerzas económicas nos dicen que los lectores electrónicos son inevitables en nuestro futuro.

Los lectores electrónicos representan una oportunidad para México de dar un salto gigante para mejorar la educación de nuestra juventud. Un obstáculo a vencer es la falta de penetración del Internet. Solo 32 millones de mexicanos tienen computadora con conexión a la red. Otro obstáculo son las compañías editoriales que se aferran a su modelo comercial de la misma forma que lo hicieron inútilmente las compañías disqueras.

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