La Tendencia a lo Gratis. Primera Parte.

En 2009 se publicó el libro “Gratis: El Futuro de un Precio Radical” (Free: The Future of a Radical Price), escrito por Chris Anderson, editor de la revista Wired. El título del libro tiene un significado más sutil en inglés porque Free quiere decir gratis y también libre. Libre como tiende a ser la información digital que se escapa de las jaulas que le construyen. En Gratis, el autor describe los cambios en la economía mundial que han surgido debido a los avances tecnológicos que ejercen una fuerza depresiva en los precios de artículos y servicios de tal forma que lo que antes teníamos que comprar hoy no nos cuesta nada.

Dejando a un lado los aspectos legales, casi no hay contenido que no se pueda encontrar en el Internet y bajarlo sin pagar un centavo. Como mencioné en unas Cavilaciones recientes, esta facilidad de acceso transformó a las compañías disqueras. La tecnología las forzó a asociarse con empresas a la vanguardia como Apple y Google, a vender sus productos a menor precio y, por encima de esto, a pagarles a ellas comisiones que no existían en sus modelos económicos.

Para tener éxito, los artistas musicales tenían que trabajar con una compañía disquera como Sony, Warner y Universal, las tres más grandes en ventas. Estas empresas celosamente controlaban la producción, fabricación, distribución, mercadotecnia, promoción y protección de los derechos de los autores. También descubrían los talentos y negociaban con ellos o sus agentes contratos que los amarraban a la empresa por muchos años. Para un artista musical, no había otro camino para el éxito. La inversión para competir con las atrincheradas disqueras era prohibitiva.

Aunque todavía sigue siendo el sueño de cualquier artista trabajar con una disquera de prestigio, hoy la tecnología digital ofrece opciones que permiten la promoción y distribución del contenido de manera independiente y con una inversión mínima. Muchos artistas distribuyen su música gratuitamente en el Internet, incluyendo grupos famosos como Radiohead. La estrategia es que la naturaleza virulenta de la propagación de información en el Internet provoque que detone la popularidad del contenido para que después produzca ingresos por medio de donaciones, ventas o de contrataciones para eventos en vivo.

El mismo fenómeno sucede con otros tipos de contenido. Hay muchos libros y revistas que son gratuitas. Yo leo a diario en mi computadora los periódicos internacionales y locales de mi interés. También hay muchos periódicos que no se publican en papel  que pudieron salir al mercado sin la costosa inversión en equipo de impresión. Casi todos los periódicos y revistas del mundo ofrecen versiones gratuitas en el Internet.

De manera muy similar, para vender un libro, los autores tenían que asociarse con compañías editoriales establecidas. Ellas controlaban a los escritores de la misma manera que las disqueras a los artistas musicales. También de igual forma hoy existe una gran variedad de opciones para publicar libros sin que intervenga una editorial. Esto incluye las opciones de auto-publicación que ofrecen compañías como Amazon y Apple. Las compañías editoriales están sufriendo una transformación casi idéntica a la de las disqueras y muchas de ellas lucharán en vano para resistir el tsunami.

La tendencia a Gratis se aplica a todo producto o servicio que se pueda ofrecer a través del Internet. Por ejemplo, hay miles y miles de aplicaciones para teléfonos y computadoras que no cuestan nada. Algunos de estos programas son muy importantes como los que ofrece Google, que regala muchos, tales como Google Mail, Google Maps, Google Earth y un conjunto de programas llamado Google Docs que compite directamente con Office de Microsoft. Google gana dinero primordialmente de  anuncios pagados y usa la estrategia de regalar sus productos porque recibe ingresos de compañías que colocan anuncios en ellos.

Hasta hace poco se creía que un futuro más estable estaba en la llamada economía basada en el conocimiento. Se consideraba que los trabajos de los contadores, abogados, diseñadores, y hasta médicos, no serían sujetos a competencia digital que los presionará a bajar los precios de sus servicios. Por lo tanto algunos países desarrollados pusieron en segundo plano a sus industrias de manufactura exportándolas a China y se enfocaron en la industria de servicios. Pero quienes apostaron en la economía del conocimiento están hoy nerviosos debido al embate de competencia desde fuera de sus fronteras.

Continúa la siguiente semana.

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