El Acceso a la Información y la Educación

La semana pasada describí simplísticamente al Internet como una calculadora súper poderosa en la cual puedo encontrar toda la información que yo necesite sobre cualquier tema. Si tengo un problema qué resolver, puedo describirlo en una búsqueda y lo más probable es que yo encuentre inmediatamente varias alternativas detalladas de cómo resolverlo. Por ejemplo, cuando mi computadora Windows me arroja un mensaje arcano que no entiendo sobre un error de la máquina, si escribo el texto del error en Google, encontraré cientos de explicaciones y posibles soluciones (acepto que es probable que tampoco entienda ni las explicaciones ni las soluciones). Si quiero saber qué es una angioplastia de las arterias periféricas, hago una búsqueda y encontraré explicaciones, diagramas, videos, etc.

Mi pregunta es cómo utilizar efectivamente esta súper calculadora en nuestro sistema educativo.

Recientemente participé en un entrenamiento sobre sistemas de aulas virtuales en los cuales el contenido del curso, las tareas, las calificaciones y los materiales de estudio, se presentan en la pantalla de una computadora que puede estar en cualquier lugar. Lo que se me hizo curioso es que al entregar tareas que requieren que yo escriba una respuesta o un ensayo, algunos sistemas hacen una búsqueda en el Internet para verificar que no plagié mi respuesta. Si se comprueba el plagio, puedo reprobar (cuando menos la tarea). Creo que hay algo aquí que revela el dilema que nos presenta la facilidad de acceso a información. La cantidad de información que un ser humano absorbe hoy en un día es mayor que la que recibía en toda su vida hace 100 años. Pero no tengo que memorizarla porque está disponible instantáneamente en todas partes. Creo que todos debemos tener la libertad de utilizar esta información.

¿Tiene algo de malo que yo encuentre en el Internet lo que me pidieron de tarea? Yo no solo creo que no, sino que también es prácticamente imposible evitar que los estudiantes naveguen para encontrar respuestas. Tiene sentido que lo hagan; la información es como el agua que se nos cuela entre las manos y tiende a fluir y ser libre. Además sería fácil parafrasear una respuesta o encontrarla en otro idioma y traducirla. Pero en este caso un estudiante estaría gastando energía en esconder que la información la encontró en el Internet. ¿Esto es lo que queremos fomentar con estas reglas?

Creo que este fenómeno es similar a las restricciones que se aplican para exámenes a “libro abierto”, técnica a la que se oponen algunos maestros desde hace décadas. Yo tuve excelentes maestros que impartían exámenes a libro abierto que generalmente solo pasaban los que cumplían con las tareas y estudiaban con dedicación. El libro abierto servía como referencia pero no nos daba las respuestas. El Internet es como un libro abierto de contenido infinito. Creo que tenemos que afrontar esta realidad y modificar nuestros métodos de enseñanza para aprovechar esta información y no prohibir su uso.

El reto es cómo diseñar tareas que ejerciten la mente y reten a los estudiantes aunque ellos tengan acceso a toda la información de la súper calculadora. En una clase de Sociología, si solicito un ensayo sobre el efecto de la gentrificación de las colonias en las ciudades grandes, puedo encontrar mil artículos en un minuto. Pero si pido un ensayo sobre los efectos de la gentrificación en la Colonia Libertad, la tarea se vuelve más interesante.

No hay que confundir el acceso a información con la experiencia y los conocimientos profundos. Yo no confiaría que me operara un doctor que solo recuerde dónde esta mi apéndice buscándolo en el Internet.

Desgraciadamente un obstáculo para aprovechar a la súper calculadora es la brecha de conocimiento tecnológico entre los maestros y sus alumnos que mencioné la semana pasada. Esto no es culpa de los maestros. Parte del problema son los avances tecnológicos vertiginosos que nos tomaron a todos desprevenidos y los cuales no van a cesar por muchas décadas. Otra parte es la intimidación que producen las computadoras, la cual no es infundada debido a interfaces humanas mal diseñadas y a fallas constantes. Pero esto está también cambiando muy rápido. La proliferación de computadoras tableta demuestra una clara tendencia a sistemas mucho más fáciles de usar que las computadoras que utilizan el sistema operativo Windows.

Tengo esperanzas de que esta brecha empezará a cerrarse muy pronto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *