La Privacidad en el Internet. Cuarta y Última Parte.

En esta serie de Cavilaciones sobre la privacidad en línea mencioné muchas de las formas en las cuales nuestra información personal está constantemente expuesta cuando usamos el Internet en nuestras vidas cotidianas. Voy a cerrar esta serie con una discusión de cómo otras entidades obtienen esta información. Quienes deseen leer las partes anteriores pueden hacerlo en línea en el blog que se menciona al final de este artículo.

Las compañías modernas que quieren mercadear sus productos usan el Internet para promoverlos. Lo utilizan para identificar y conocer a su base de clientes. Muchos de nosotros hoy en día esperamos que las tiendas reales que visitamos tengan una presencia en el Internet. Cuando un comercio satisface nuestra necesidad de tener un sitio Web que incluya información tal como las horas de trabajo y su ubicación, también se satisface la necesidad del negocio de saber cuantas personas están interesadas en una tienda en particular.

Los llamados Web bugs (bichos de la Web, aunque no se traduce), son instrumentos disponibles a los sitios de Internet cuyo propósito es rastrear nuestros movimientos en dichos sitios. Un Web bug puede confirmar que hemos leído un mensaje o visitado una página al mismo tiempo que graba nuestra dirección IP. Los mensajes de mercadotecnia que recibimos de vez en cuando acerca de un producto, por ejemplo de una compañía de aviación, de un paquete de hotel, o de la compañía de teléfonos, contienen Web bugs que notifican al sitio cuando los leemos. Esto es además del bombardeo constante de mensajes de texto que recibimos de las compañías de teléfonos celulares, en donde también hay formas de detectar si los leímos.

Cuando nos registramos para leer publicaciones en el Internet, tales como periódicos y revistas, así como cuando compramos un producto en línea, el sitio invariablemente nos pregunta si queremos que se guarde nuestra información para futuras transacciones. Muchas veces esta información se divulga a otras fuentes y a partir de ese momento empezamos a recibir un torrente de correos indeseados de organizaciones que ni siquiera conocemos.

Hay que notar que todas estas actividades son parecidas a las que se han usado por décadas en los medios impresos. Lo único nuevo es la velocidad de propagación de nuestra información y el alcance de su distribución.

Una técnica mucho más sofisticada se conoce como mercadotecnia de comportamiento y se refiere a la elaboración y constante actualización de un registro de los intereses, preferencias y comunicaciones de un individuo extraídas de sus actividades en línea. Las empresas dedicadas a la mercadotecnia de comportamiento vigilan de manera rutinaria, las búsquedas que realizamos, las páginas web que visitamos, el contenido que vemos, nuestras interacciones en las redes sociales, el contenido de nuestros correos electrónicos, y los productos y servicios que compramos. Además, cuando utilizamos dispositivos móviles, incluso nuestra ubicación física puede ser rastreada. Estos datos pueden ser recopilados, analizados, y combinados con la información de fuentes fuera de línea para crear perfiles más detallados. Toda esta información se utiliza para presentarnos información personalizada basada en nuestro perfil.

La mayoría de la información relacionada con algún trámite legal, por ejemplo una demanda de cualquier tipo, de varias maneras llega a ser del conocimiento público. Esto puede ser debido a políticas de transparencia o algo tan sencillo como el envío de dictámenes por correo electrónico. La Secretaría de Hacienda cada día exige más que los trámites de impuestos se realicen en línea. Aunque hay políticas de seguridad, uno nunca puede estar seguro de que nuestra información acerca de nuestros impuestos se mantenga confidencial.

En el inicio de esta serie mencioné que no tenemos privacidad y con el mismo mensaje concluyo. Lo mínimo que podemos hacer es ser cautelosos con la información que pudiera ser incriminatoria. Todo, incluyendo las llamadas telefónicas, pueden ser interceptadas cada día más fácilmente. Es asombrosa la frecuencia con que se descubren actividades comprometedoras simplemente siguiendo una cadena de correos electrónicos en donde se desglosan los detalles.

El Internet funciona porque toda la información es digital y debido a esto la privacidad ya no existe.

Una respuesta a “La Privacidad en el Internet. Cuarta y Última Parte.

  1. Ivan: lo unico seguro es que antes buscaba el trabajo en el periodico, los vendedores iban a mi casa y no les abria la puerta, o iba yo a las tiendas y decidia si me gustaba algo para comprarlo, ahora parece que alguien me espia la espalda, que bueno que no tengo una economia saludable despues de todo y pueden estar tranquilos los mercadologos de que no les comprare nada…felicidades por tu articulo en cuatro partes es muy claro. Javier.

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