Encuentros Cercanos del Primer Tipo

Cuando estudiaba en el Tec de Monterrey a principios de los años 1970, uno de mis compañeros de departamento organizó una conferencia con Norman Borlaug, quien recibió el premio Nobel de La Paz por sus contribuciones a la Revolución Verde. Mi compañero era sonorense y fue en su estado en donde Borlaug a partir de 1945 hizo su trabajo seminal que dio como resultado un incremento dramático en la productividad de los cultivos básicos como el trigo. Sus detractores lo acusan de haber afectado negativamente a nuestro medio ambiente debido a sus políticas de uso de insecticidas. Esa fue la primera ocasión que por mera casualidad conocí personalmente a un Premio Nobel. El evento en el Tec no fue muy grande y tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con él que hasta la fecha recuerdo con frecuencia.

Diez años después cuando trabajaba en Bell Labs en Denver, Colorado (los Laboratorios Bell eran parte del monopolio telefónico que incluía a AT&T), visitó nuestras instalaciones Arno Penzias, Premio Nobel de Física en el año 1978. Penzias también era empleado de los laboratorios pero en Holmdel, Nueva Jersey. Puedo decir sin exagerar que éramos “compañeros de empresa”. En esa época, junto con los equivalentes en IBM y Xerox, Bell Labs era uno de los centros de investigación privados más prestigiosos de Estados Unidos. Aunque el enfoque principal de las actividades en Bell Labs era el avance de la telefonía, había proyectos de investigación en muchas disciplinas. El transistor, por ejemplo, se inventó en Bell Labs, lo cual también le mereció el Premio Nobel a sus creadores.

En 1964 Penzias estaba desarrollando una antena de microondas para realizar observaciones astronómicas junto con Robert W. Wilson, también investigador de Bell Labs. Se dieron cuenta que la antena, del tamaño de una casa grande, captaba un ruido de la atmósfera que no entendían de dónde venía. Inclusive llegaron a creer que el ruido lo producía excremento de pájaros que tomaban el sol en la antena. Limpiaron la antena y el ruido no se fue. Eventualmente descubrieron que el ruido era el remanente de la radiación cósmica producida por el Big Bang, el evento que dio origen a nuestro universo.

Días antes de que llegara Penzias a Denver me citó el director del laboratorio para informarme que yo iba a ser el anfitrión durante su visita. Nunca supe por qué me honraron con esta distinción. Estuve con él casi cinco horas dándole un recorrido de los laboratorios y almorcé con él en la cafetería del edificio. A pesar de su estatura como uno de los científicos más importantes de nuestra era y de mi justificado nerviosismo, Penzias me hizo sentir cómodo y pareció estar muy interesado por lo que hacíamos en Denver, algo mucho más terrenal que descubrir el origen del universo.

Una pareja de amigos de Boulder, Colorado, en donde viví por casi 25 años, dedican su energía en proyectos para mejorar la democracia y ayudar a las clases marginadas de todo el mundo. En 1995 organizaron una velada en su casa con Rigoberta Menchú, la guatemalteca ganadora del Premio Nobel de La Paz en 1992 debido a su trabajo protegiendo los derechos humanos de las poblaciones indígenas de su país. Éramos como dos docenas de personas entre las cuales solo dos hablábamos inglés y español. No solo platiqué un buen rato con ella, sino que serví de interprete de su breve discurso cuyo objetivo principal era recaudar fondos para su causa.

A principios de los años 2000, también en Boulder, unos amigos me invitaron a una fiesta en su casa a la cual yo no había ido antes. Al llegar a la colonia en donde vivían estuve dando vueltas y vueltas sin poder encontrarla. Al fin creí que la había localizado. Me estacioné, me baje del auto, caminé hasta la puerta y toqué el timbre. Quien abrió la puerta fue Thomas Cech, Premio Nobel de Química en el año 1989 y profesor en la Universidad de Colorado. Era famoso en la ciudad y lo reconocí de inmediato. Le dije apenado que estaba en el lugar equivocado y que me disculpara. “No te preocupes”, me dijo, “¿Quieres usar mi teléfono para hablarle a tus amigos?”. Le dije que sí y estuve después platicando un rato con él.

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