No Hay Privacidad en el Mundo Digital

Apenas hace 10 años, cuando el Internet todavía no era tan popular como lo es hoy, era un problema para los patrones que sus empleados con computadoras Windows perdieran el tiempo jugando el juego de solitario. Me tocó vivir que despidieran a dos personas porque reincidieron después que se les advirtió que no lo hicieran. Una estrategia para muchas empresas era borrar de las máquinas todos los programas que no fuesen necesarios para trabajar. Esto era relativamente sencillo aunque no se podía prevenir que alguien volviese a instalar los programas. Para combatir esto hay métodos especiales que “congelan” las máquinas para que no pueda instalarse ningún programa al menos que lo autorice la empresa.

Las fuentes de distracción en la actualidad son mucho más numerosas. La mayoría de las empresas tienen redes de computadoras conectadas al Internet en donde generalmente se prohíbe el acceso a sitios casi adictivos como Facebook, YouTube, Twitter y otros más. Siguiendo las políticas establecidas por la empresa, el administrador de la red puede controlar los sitios de Internet que no pueden visitar los empleados. Como es de esperarse, éstos tratan de burlar las medidas de protección. En vez de ver videos en YouTube, lo pueden ver en otros servicios menos completos como Vimeo, el cual escapa a muchos filtros. Los navegadores como Chrome de Google son capaces de traducir páginas de un idioma a otro. Usando esta característica, es posible conectarse a una página en otro país en otro idioma y usar el traductor para ver el contenido no permitido. Los trucos corren de voz en voz y termina siempre siendo un juego de gato y ratón.

Los administradores de redes pueden observar lo que hacen los empleados con sus computadoras. No todos los empleados ignoran que la empresa puede ver los sitios que visitan, el tipo de información que bajan del Internet y el contenido de todos sus correos electrónicos. Pero hasta los que sí lo saben a veces dejan huellas de sus recorridos por lugares no permitidos. La función de la empresa no es espiar a sus empleados, sino asegurar que están trabajando y no perdiendo el tiempo. Rara vez se usa esta información para confrontar al empleado. Además hay otros motivos para prevenir las visitas a sitios de videos. Si en una empresa con 100 empleados la mitad está viendo videos la red se volvería muy lenta y los que están verdaderamente trabajando sufrirían las consecuencias.

Todas estas medidas no previenen que se utilicen teléfonos o tabletas personales para jugar o para ver videos. Estos dispositivos se pueden conectar al Internet por la red telefónica inalámbrica pasando por alto a la red interna. Aquí no hay una manera fácil de bloquear el acceso al Internet.

Históricamente, el arte de proteger el acceso a información es la responsabilidad de personas muy inteligentes y capaces que elaboran métodos para prevenir que alguien sin autorización pueda verla. Pero hay un número equivalente de personas también muy inteligentes y capaces cuyo propósito es descubrir como violar las barreras de acceso. Si un profesor de una universidad inventa un método complejo de cifrar datos, indudablemente habrá muchos profesores que inmediatamente empezarán a investigar como descifrarlos.

Lo mismo sucede a un nivel mucho más sencillo cuando se bloquea el acceso a información en las empresas. Siempre habrá alguien con los conocimientos técnicos para encontrar huecos en los sistemas de protección.

Haciendo un paréntesis en el tema, esta semana leí un artículo que describe cómo muchos sitios de Internet pornográficos usan fotos sugestivas que encuentran en FaceBook. Una jovencita coloca una foto de ella en bikini, o alguien lo hace sin que ella lo consienta, y la foto puede aparecer en un sitio en el cual hay contenido verdaderamente pornográfico. La lección es que en el instante que una foto se suba al Internet, ésta deja de ser privada y puede llegar a lugares que nadie se imagina.

Es muy difícil filtrar y proteger la información digital. Ya lo vimos con Julian Assange y WikiLeaks en donde se publicaron millones de correos privados de gobiernos del mundo. Ya lo vimos cuando se descubrió la amante del general. No hay privacidad en nuestro mundo digital.

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