Fracking. Tercera Parte.

En las partes anteriores de esta serie de Cavilaciones mencioné que nuestro planeta cuenta con reservas cuantiosas de petróleo y gas natural de esquisto bituminoso. La tecnología para extraer estos hidrocarburos se llama fracking, la cual consiste en taladrar pozos vertical y horizontalmente hasta profundidades de más de dos kilómetros. El pozo se llena de una mezcla de agua, arena y químicos a muy alta presión que provoca fisuras en las rocas de pizarra por donde escapa el petróleo o el gas natural. Quienes no leyeron las primeras dos partes de estas Cavilaciones pueden hacerlo en el blog que aparece al final.

Las reservas “técnicamente recuperables” de México de hidrocarburos de esquisto bituminoso son mayores que todo el petróleo que se ha extraído en el país desde principios del siglo pasado. Esto parecería indicar que todo pinta muy bien. Tal vez así lo sería si no fuera por las controversias relacionadas con el proceso de fracking.

El primer problema es la cantidad enorme de agua necesaria. Un solo pozo puede requerir más de 3,100 pipas de agua con capacidad de 10,000 litros cada una. Tamaulipas, el estado del país con las mayores reservas, constantemente sufre sequías que afectan a una gran parte de su población. Aún en las regiones con agua abundante, los desfiles de pipas gigantes contaminan el ambiente, destruyen las carreteras, y trastornan la calidad de vida en las zonas de explotación (fuente: dangersoffracking.com).

Aunque la industria de extracción reclama que los químicos que se mezclan con el agua no son dañinos para la salud, los que se oponen acusan que contienen toxinas y carcinógenos. Los pozos se forran con cemento para evitar que los químicos se filtren al manto freático pero no son lo suficientemente herméticos. Para demostrar que el fluido no es dañino, John Hickelooper, el actual gobernador del estado de Colorado, bebió en público un vaso de mezcla para fracking. Aunque Colorado ha sido beneficiado por un auge de explotación de petróleo y gas natural extraído con fracking, actualmente hay una iniciativa para un referendo que restringiría los derechos de las compañías petroleras de perforar pozos cerca de desarrollos urbanos o en partes profundas debajo de zonas pobladas.

Los estudios de los que se oponen a fracking han encontrado que la concentración de gas metano en las aguas subterráneas cerca de estos pozos es 17 veces mayor que la que existe en los pozos tradicionales. También documentan casos de problemas médicos, tales como trastornos neurológicos y respiratorios, causados por agua contaminada en las zonas aledañas a los pozos.

Otro problema es que fracking supuestamente puede provocar temblores con suficiente intensidad para dañar estructuras. Hay casos reportados en Texas, Ohio y en Inglaterra. En Inglaterra ha habido una ola de protestas para asegurar que las compañías petroleras no perforen en zonas residenciales. De acuerdo con el periódico Global Post, aquí en nuestro país, en el estado de Nuevo León, ha habido 48 temblores este año relacionados con la aún pequeña industria de fracking mexicana.

En España también ha habido protestas en varias regiones del país. El gobierno está entre la espada y la pared porque por un lado están los manifestantes y por otro la oportunidad de crear nuevas fuentes de ingresos en un país con un porcentaje crónico de desempleo de más del 25%.

El futuro de fracking en México dependerá mucho de los detalles que emerjan de la reforma energética. Tenemos que lograr que México sea autosuficiente pero al mismo tiempo debemos estar conscientes de los posibles impactos ambientales.

Una respuesta a “Fracking. Tercera Parte.

  1. Muy bien, de los tres es el más ameno y el que más me ha gustado.

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