La Consciencia

Los científicos más brillantes del mundo no están de acuerdo en qué es la consciencia. Inclusive hay algunos que dicen que no existe, que es solo una ilusión. Nuestro cerebro nos presenta una serie de misterios que mantienen ocupados a un ejército de investigadores. ¿Cómo aprendemos? ¿Cómo almacenamos información? ¿Por qué damos un tirón a nuestra mano si tocamos algo caliente? ¿Por qué volteamos a ver cuando oímos nuestro nombre? Supuestamente estos son problemas fáciles que se resolverán durante los próximos años. En todo el mundo se están invirtiendo cantidades enormes de fondos para desarrollar un mapa del cerebro que pueda ayudar a explicar su funcionamiento, incluyendo el programa Iniciativa del Cerebro que lanzó el presidente Obama en el año 2013. Todos los meses se publican en la prensa nuevos descubrimientos que asocian zonas del cerebro con funciones corporales. Sin embargo, pocos se atreven a decir que el futuro mapa del cerebro podrá explicar qué es la consciencia.

El llamado Problema Difícil de la Consciencia, el que divide a los filósofos y neurocientíficos, es el siguiente: ¿por qué todos los procesos complicados de nuestro cerebro hacen que sintamos algo desde adentro? ¿cómo puede lograr nuestro cerebro la hazaña de hacernos seres conscientes?

Desde el siglo XVII René Descartes postuló el dilema de la consciencia que ha sido motivo de controversia por cientos de años. La conclusión de Descartes fue que la consciencia es algo especial que no obedece a las reglas de la naturaleza; es algo que Dios nos otorgó. Con el transcurso del tiempo la ciencia secular empezó a adoptar como principio básico el fisicalismo, la teoría que solo existen las cosas físicas. Si solo lo físico existe, ¿en dónde esta la parte material de nuestra consciencia?

Una explicación es que la consciencia es algo que percibimos gracias a la complejidad de las sinapsis, las miles de millones de interconexiones entre las neuronas de nuestro cerebro. Ellas podrían ser las responsables de que seamos conscientes pero nadie comprende aún cómo funciona esa magia biológica. Si aceptamos esta teoría como una posible explicación, ¿podrán existir otros niveles de consciencia en cerebros menos desarrollados? ¿tendrán sentimientos los orangutanes y los perros? ¿o inclusive los animales más alejados de nosotros en la cadena de la evolución?

Por otro lado, muchos creen que en menos de dos décadas existirán computadoras más inteligentes que un ser humano. ¿Podremos decir entonces que esas máquinas serán conscientes? ¿Podrán sentir amor, envidia y todos los sentimientos que nos agobian a los humanos por el simple hecho de ser conscientes? Christoff Koch, un científico clave en la Iniciativa del Cerebro, declaró recientemente que uno de los motivos que lo impulsaron a estudiar el cerebro era poder decir algún día: “es aquí donde Dios intervino dándonos el alma a los seres humanos”. No mucho tiempo después afirmó que basándose en las recientes investigaciones científicas, está dentro de lo posible que su iPhone tenga sentimientos (The Guardian, enero de 2011).

Una respuesta a “La Consciencia

  1. Juan Reyes del Campillo

    Estimado IVÁN: creo que con este artículo, más allá de tus cavilaciones, te metiste en camisa de once varas. La conciencia (la escribo sin la s) es una facultad del ser humano para relacionarse con el medio que lo rodea. Por eso es una propiedad tanto objetiva como subjetiva. Tal vez por ello algunos científicos creen que es una ilusión, pues la conciencia no es algo solamente material sino también espiritual. Como agnóstico que ahora soy, no comparto la conclusión de Descartes, pero tampoco acepto que todo sea físico.
    Los animales sienten, sí, pero no son concientes de ello. Encabezan una manada, son los reyes de la selva, son leales y fieles a sus amos. Son sentimientos que tienen que ver con el poder, con el amor. Pero solamente el ser humano es conciente de estos sentimientos, y los puede agrandar o disminuir. Las computadoras no van a sentir si no se les programa para ello. Son máquinas hasta ahora insensibles, pero son una herramienta maravillosa para todos nosotros.
    Felicidades por tu artículo, al menos a mi me hace cavilar sobre el mundo que ahora vivimos.

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