El muro simbólico

Donald Trump declaró esta semana en una carta que envió al Washington Post que en el primer día de su presidencia advertirá a México que si no paga inmediatamente el dinero para construir su infame muro, promulgará un decreto que autorizará la confiscación de los fondos que envían a México desde los Estados Unidos los mexicanos que no tienen residencia legal.

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“En el segundo día México protestará”, continuó Trump, a lo que él solo responderá que México tiene dos claras opciones para escoger: pagar o dejar de recibir las remesas que son vitales para millones de familias mexicanas.

En el tercer día, si México contribuye con lo que se le exige, el gobierno de Trump no autorizará el decreto y los nuevos reglamentos no se implementarán.

Trump afirma que esta estrategia es la más conveniente y efectiva, aunque no descarta otras alternativas para presionar a México, tales como establecer aranceles a las importaciones mexicanas, cancelar o negar las visas a gente importante y subir el costo de los permisos para ingresar a Estados Unidos.

La carta termina atacando a México de nuevo insistiendo que nuestro país “ha estado por muchos años tomando ventaja” de los Estados Unidos a través de “pandillas, traficantes de drogas y carteles” responsables por la ola de crímenes que asedia al país. “Tenemos toda la autoridad moral y toda la ventaja en este asunto”, concluyó.

Sin considerar los obstáculos morales, legales, políticos, ambientales y financieros para lograr que se construya su muro, Trump ya logró crear un muro simbólico entre los mexicanos y un gran porcentaje de la población norteamericana. Un muro que aunque no es tangible es muy efectivo. Una encuesta que se publicó esta semana indica que el 71% de los electores republicanos están a favor de que se construya el muro. Esta cantidad asombrosa de ciudadanos americanos verdaderamente sienten que los mexicanos somos los villanos que han causado la inexorable pérdida de trabajos durante las últimas décadas.

Desde otro ángulo y sin utilizar técnicas que directamente fomentan el odio, Bernie Sanders, el senador liberal de Vermont que está compitiendo para la candidatura presidencial del partido Demócrata, pregona una doctrina diferente que también pone en la mira a los mexicanos. Sanders culpa a las grandes corporaciones que exportan sus fábricas a México y a otros países con mano de obra barata de causar la decadencia de la clase media norteamericana. Recientemente usó como ejemplo a General Electric, empresa que hasta hace poco era uno de los orgullos del país, de construir la mayoría de sus fábricas fuera de Estados Unidos durante los últimos 20 años. En 1995, el 68% de los empleados de GE estaban en Estados Unidos. En el 2015 solo el 38% permanecen ahí.

Desde el punto de vista de extrema derecha de Donald Trump y sus seguidores, o desde el punto de vista de izquierda de Sanders, los mexicanos somos responsables por la destrucción del tejido que une a los norteamericanos. Esta narrativa, sea justa o no, resuena en los oídos de la clase media norteamericana.

Una respuesta a “El muro simbólico

  1. Hace poco ví un documental por T.V. en la que un mexicano (chiapaneco) quien tuvo la oportuidad de una buena educación, vivía y trabajaba en Canada; país que, en su opinión, trata muy bien a los inmigrantes mexicanos, que llegan a trabajar a ese país mediante un programa de trabajo entre México y Canada. Por lo tanto, pienso que el gobierno de México debería informar a los ciudadanos que “buscan una vida mejor” y que México se las niega, que se vayan a Canada. Allí, tengo entendido, no hay muros, por lo menos no por ahora.

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