Nuestra información vulnerable

Hace apenas unos años, entre las propiedades más valiosas que guardábamos en nuestros hogares estaban nuestros documentos personales. Declaraciones de impuestos, testamentos, recibos de electricidad y teléfono, estados de cuenta de bancos y de tarjetas de crédito y muchos otros más. Hoy, para cada día un mayor porcentaje de la población, estos documentos ya no existen en papel. Existen solo en formato electrónico como secuencias de unos y ceros en La Nube, el repositorio virtual global de información que inexorablemente continúa absorbiendo todos nuestros datos personales. En México, por ejemplo, la SAT exige declaraciones por medios electrónicos.

vulnerabilidad

Antes de la migración hacia La Nube, esta información la almacenábamos en archiveros o cajas de cartón arrumbadas en algún lugar donde no estorbaran mucho. Si necesitábamos consultar uno de estos documentos, la facilidad de hacerlo dependía totalmente de nuestra habilidad personal para organizar nuestras pertenencias.

Todavía existen documentos físicos que son esenciales para nuestra vida diaria. Nuestra licencia de conducir, la tarjeta del INE, nuestras visas y pasaportes. Muchas tarjetas de crédito ya son virtuales y se manejan por medio de aplicaciones en nuestros teléfonos inteligentes. Yo creo que algún día todos estos documentos que residen en nuestras carteras también serán virtuales y los podremos presentar a través de nuestros teléfonos o quizás con dispositivos que aún no se han inventado como implantes electrónicos debajo de nuestra piel.

Si alguien nos roba alguno de nuestros documentos esenciales, generalmente nos causa un lío porque reemplazarlos requiere procesos que pueden tardar días o hasta semanas. Además, si nos roban una tarjeta de crédito, lo sabemos hasta que nos damos cuenta que no la tenemos y esto puede ser días después del robo.

Si alguien logra clonar una de nuestras tarjetas de crédito, no nos damos cuenta muy fácilmente. Los sabemos cuando llega el nuevo estado de cuenta con cargos que no hicimos. En casos extremos nos pueden robar nuestra identidad, un delito que no era común antes del Internet y que hoy es algo verdaderamente trágico para las víctimas.

Anteriormente para robarse nuestros documentos personales, tenían que meterse a nuestra casa y extraerlos de las cajas o llevarse la caja entera. Nos dábamos cuenta cuando veíamos que la caja ya no estaba. Como acabamos de ver con el reciente caso de los Panamá Papers, que por cierto no son de papel, alguien puede robarse nuestra información y no nos damos cuenta hasta más de un año después cuando el periódico que recibió la información masiva ya tuvo tiempo de analizar algunos detalles.

Todos tenemos información vulnerable. La información de miles de personas puede extraerse sin que nadie se dé cuenta. Esto equivale a que un ladrón pueda meterse a miles de oficinas al mismo tiempo y hacer copias de los documentos de todos los archiveros sin dejar evidencia. No solo eso, también equivale a que ese mismo ladrón inmediatamente pueda hacer millones de copias de los documentos y distribuirlos instantáneamente por todo el mundo para seguirlos analizando y divulgando.

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