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Robots y trabajos

Hay una técnica que dice que para predecir los posibles efectos de una nueva tecnología, hay que analizarlos desde los extremos. En el caso de los robots pensaríamos en cuáles serían las consecuencias si estos pudiesen realizar la mayoría de los trabajos. Los automóviles autónomos, por ejemplo, ya casi son una realidad y esto implica el posible desplazamiento de millones de choferes. Las fábricas hoy producen más que antes con menos empleados. Los robots de software pronto podrán hacer el trabajo de los operadores de los centros de atención al cliente. Desde hace mucho tiempo las reservaciones para vuelos y hoteles se hacen automáticamente sin la intervención de un humano. No existe ningún trabajo que no esté en riesgo de afectarse por la llegada de un robot.

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Repito la pregunta, ¿qué pasaría si los robots desplazan los trabajos de la mitad de la humanidad? Las empresas que se automatizan ganarían más utilidades que nunca. En el extremo, los únicos beneficiados serían los accionistas de las empresas mientras que el resto de la población se quedaría sin ingresos para sobrevivir.

Esto sería social y moralmente inaceptable. ¿Cuál sería la respuesta de la población? ¿Destruir a los robots? ¿Prohibirlos? Esta estrategia nunca ha funcionado. Los luditas del siglo XIX sostuvieron en Inglaterra una guerra de 5 años en contra de las fábricas textiles que adoptaron máquinas tejedoras, provocando el desplazamiento de miles de empleados que anteriormente hacían el trabajo de las máquinas. La guerra terminó cuando el gobierno usó las fuerzas armadas para suprimir a los inconformes. Ganaron las máquinas.

La automatización siempre ha causado disrupción desde que se inventó la rueda. Los cambios antes de este siglo fueron lentos porque así era como avanzaba la tecnología. Estos cambios del siglo pasado ayudaron a Trump a ganar las elecciones. Su base política esta cimentada en los trabajadores de cuello azul que perdieron sus empleos en las fábricas y minas en el llamado Rust Belt de Estados Unidos. Trump les prometió que regresarían los trabajos con los mismos sueldos en las minas de carbón y las fábricas de automóviles, algo que no va a suceder. Hoy la tecnología está avanzado más rápido que nunca en la historia y los riesgos para la humanidad son mayores.

Al mismo tiempo que desaparecen los trabajos se crean otros, pero con diferentes requerimientos. Una solución es establecer programas de entrenamiento para que los trabajadores desplazados adquieran nuevas habilidades para sobrevivir en esta nueva economía de tecnología electrónica y servicios. Un obstáculo para esta estrategia es el bajo nivel de educación de estos trabajadores. Otro es que los gobiernos no quieren gastar programas de entrenamiento (¡cada quien que se las arregle como pueda!).

Cuando llegue el día en que las máquinas lo hagan todo ya no se habrá nuevos trabajos. Aquí llega el momento de pensar en una solución radical: un salario universal del gobierno para todos. Esta idea no es nueva pero adquirió un nuevo ímpetu cuando la propuso Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, el mes pasado en la ceremonia de graduación de Harvard.

Google y los Autos Autónomos

Sigue progresando el desarrollo de autos que se manejan solos. Se espera que en menos de 5 años nos podremos transportar en vehículos sin humanos en el volante. Si ahora los taxistas del mundo están furiosos con Uber porque está invadiendo sus feudos, ¿cuál será su reacción cuando podamos ir de un lugar a otro en un auto sin chofer? No tengo evidencia directa, pero apostaría que Uber ya tiene en sus planes futuros un servicio basado en automóviles autónomos.

Google es una de las empresas líderes en el desarrollo de autos autónomos. La empresa anunció ayer que se va a dividir en varias subsidiarias para que cada una se concentre en crear productos que no son afines con su misión inicial de indexar la información en el Internet. La nueva empresa se llama Alphabet. Once años después de que fundaron la empresa, los fundadores ya no estarán a cargo del timón de Google.

El conglomerado Alphabet será dueño de las nuevas subsidiaras Calico, cuya meta es curar la muerte; Nest, cuyo objetivo es desarrollar dispositivos conectados al Internet para uso doméstico (termostatos, focos); Google Ventures y Google Capital, empresas para inversiones; Fiber para desarrollar redes de Internet de alta velocidad; y Google X, en donde ahora residen los automóviles autónomos. El sistema operativo Android y YouTube permanecerán con Google, cuando menos por el momento. Mi opinión es que esta ambiciosa reorganización servirá para acelerar aún más el ritmo frenético de innovación de la empresa lo cual dará como resultado cambios todavía más disruptivos en nuestras vidas. Los fundadores declararon ayer que lo que quieren es “lograr cambios gigantes en el mundo”. Recuerden que ya lo lograron con sus actuales productos que inventaron hace apenas una década.

Regresando a los vehículos autónomos, los de Google tienen varios años circulando en un ambiente de laboratorio en las cercanías de las oficinas centrales de Google en Mountain View, California. Generalmente son los empleados de la empresa quienes los utilizan. Un grupo de psicólogos, ingenieros industriales y especialistas en la interacción entre humanos y máquinas analizan minuciosamente las reacciones de los pasajeros para hacer que el vehículo sea cómodo y que la gente no sienta ansiedad estando a cargo de un robot. Supuestamente la primera reacción de un nuevo pasajero es temor. Da miedo estar a la merced de algo que estamos acostumbrados a controlar directamente. Hubo una versión del auto que no tenía volante. Fue tanta la incomodidad de los pasajeros que se decidió volver a agregarlo, aunque no se utilice.

Los elevadores manuales se inventaron tres siglos A.C. Hasta principios de los siglo XX fue cuando se usaron en rascacielos y no eran autónomos. Tenían uno o dos operadores. Por décadas la gente tenía pánico de subirse a un elevador. A parte de los avances tecnológicos, fue finalmente el botón rojo de emergencia el que hizo que confiáramos en los elevadores. El nuevo diseño del auto de Google ya cuenta con un botón rojo de emergencia.