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Los Poderes de Trump

Esta mañana vi un reportaje en el programa matutino CBS this Morning de la primera junta del gabinete completo de Donald Trump en donde uno por uno el Vice Presidente, los secretarios y otros funcionarios se turnan para alabar a Trump afirmando el honor y el privilegio que es para cada uno de ellos servir al presidente. Reince Priebus, el Jefe de Personal de la Casa Blanca, en un derroche exagerado de efusividad, dijo lo siguiente: “de parte de todo el personal a su alrededor, señor Presidente, le damos las gracias por la oportunidad y la bendición que usted nos ha dado de servir a su agenda y a los americanos”. Lo primero que me vino a la mente son las palabras populares barbero y arrastrado.

Trump

Quizás los miembros del gabinete de Trump saben que la única manera de desempeñar sus trabajos, los cuáles muchos están arrepentidos de haber aceptado, es “seguirle la onda” a Trump para no provocar sus burlas y su furia. Trump vive en una burbuja cuyo oxígeno es la lealtad y las alabanzas de sus seguidores. En esa misma junta, Trump afirmó a los reporteros que con muy pocas excepciones, ningún presidente de Estados Unidos ha logrado tanto en tan poco tiempo. Esto es falso, puesto que sus logros han sido primordialmente cancelar los decretos de su predecesor. Su único éxito que involucró al Congreso fue la nominación del Neil Gorsuch, el nuevo juez de la Suprema Corte de Justicia.

A pesar de que muchos juzgamos su presidencia como desastrosa para su país y el resto del mundo, Trump no ha perdido el apoyo de su base política ni la de su partido. Los que tienen la esperanza de que Trump sea destituido tienen los momios en su contra. El presidente de Estados Unidos solo puede ser enjuiciado políticamente por “actos de traición, soborno y otros crímenes y delitos menores”. No existe una definición clara de qué son “otros crímenes y delitos menores”.

El presidente tiene amplios poderes. Tiene el poder de despedir a Robert Mueller, el fiscal especial que nombró el Departamento de Justicia para investigar la posible colusión entre Rusia y la campaña presidencial de Trump, sin tener que explicar el motivo.

Trump es simétrico porque corresponde a la lealtad que le exige a sus colaboradores. El embrollo en que se encuentra se debe en gran parte a su afán de proteger al general Michael Flynn, su anterior asesor de Seguridad Nacional que solo duró dos semanas en su trabajo después de descubrirse que le mintió al Vice Presidente Pence y al Congreso al no declarar sus asuntos posiblemente ilegales con Rusia y Turquía. Si consignaran a Flynn, Trump tiene el poder de otorgarle un perdón sin que nadie pueda evitarlo.

Pocos niegan que Trump es un individuo amoral, egocéntrico y con un déficit enorme del sentido de ética profesional. Estos no son motivos legales para destituirlo. Además cuenta con la mayoría en el Senado y en la Cámara de Diputados. Por lo tanto la probabilidad de enjuiciarlo es muy remota.

Robots y trabajos

Hay una técnica que dice que para predecir los posibles efectos de una nueva tecnología, hay que analizarlos desde los extremos. En el caso de los robots pensaríamos en cuáles serían las consecuencias si estos pudiesen realizar la mayoría de los trabajos. Los automóviles autónomos, por ejemplo, ya casi son una realidad y esto implica el posible desplazamiento de millones de choferes. Las fábricas hoy producen más que antes con menos empleados. Los robots de software pronto podrán hacer el trabajo de los operadores de los centros de atención al cliente. Desde hace mucho tiempo las reservaciones para vuelos y hoteles se hacen automáticamente sin la intervención de un humano. No existe ningún trabajo que no esté en riesgo de afectarse por la llegada de un robot.

robots

Repito la pregunta, ¿qué pasaría si los robots desplazan los trabajos de la mitad de la humanidad? Las empresas que se automatizan ganarían más utilidades que nunca. En el extremo, los únicos beneficiados serían los accionistas de las empresas mientras que el resto de la población se quedaría sin ingresos para sobrevivir.

Esto sería social y moralmente inaceptable. ¿Cuál sería la respuesta de la población? ¿Destruir a los robots? ¿Prohibirlos? Esta estrategia nunca ha funcionado. Los luditas del siglo XIX sostuvieron en Inglaterra una guerra de 5 años en contra de las fábricas textiles que adoptaron máquinas tejedoras, provocando el desplazamiento de miles de empleados que anteriormente hacían el trabajo de las máquinas. La guerra terminó cuando el gobierno usó las fuerzas armadas para suprimir a los inconformes. Ganaron las máquinas.

La automatización siempre ha causado disrupción desde que se inventó la rueda. Los cambios antes de este siglo fueron lentos porque así era como avanzaba la tecnología. Estos cambios del siglo pasado ayudaron a Trump a ganar las elecciones. Su base política esta cimentada en los trabajadores de cuello azul que perdieron sus empleos en las fábricas y minas en el llamado Rust Belt de Estados Unidos. Trump les prometió que regresarían los trabajos con los mismos sueldos en las minas de carbón y las fábricas de automóviles, algo que no va a suceder. Hoy la tecnología está avanzado más rápido que nunca en la historia y los riesgos para la humanidad son mayores.

Al mismo tiempo que desaparecen los trabajos se crean otros, pero con diferentes requerimientos. Una solución es establecer programas de entrenamiento para que los trabajadores desplazados adquieran nuevas habilidades para sobrevivir en esta nueva economía de tecnología electrónica y servicios. Un obstáculo para esta estrategia es el bajo nivel de educación de estos trabajadores. Otro es que los gobiernos no quieren gastar programas de entrenamiento (¡cada quien que se las arregle como pueda!).

Cuando llegue el día en que las máquinas lo hagan todo ya no se habrá nuevos trabajos. Aquí llega el momento de pensar en una solución radical: un salario universal del gobierno para todos. Esta idea no es nueva pero adquirió un nuevo ímpetu cuando la propuso Mark Zuckerberg, el fundador de Facebook, el mes pasado en la ceremonia de graduación de Harvard.

Macron

La victoria del joven presidente electo de Francia, Emmanuel Macron, frenó bruscamente la inercia del populismo y el aislacionismo que muchos temían sería inevitable en el mundo después del Brexit y Trump. Los franceses, según dijo la derrotada candidata de extrema derecha Marine Le Pen, votaron por la continuidad. Pero su conclusión no es precisa.

macron

Los franceses eligieron a un candidato centrista no abanderado por los dos partidos dominantes, el Republicano, el partido del presidente anterior Nicolás Sarkozy; y el Socialista, al cual pertenece el presidente saliente François Hollande. Macron nunca fue antes candidato para un puesto de elección. Esta fue su primera campaña política (¡qué buen comienzo!). Logró lo imposible al llegar a la segunda vuelta y salir victorioso sin la ayuda de los viejos partidos.

Su única experiencia en el gobierno de Francia fue cuando el presidente saliente Hollande lo reclutó para que asumiera el puesto de Ministro de Economía. Anteriormente trabajaba en el banco Rothschilds. Para promoverse, no formó un nuevo partido tradicional, como sería lo más lógico, sino un movimiento ciudadano que admite a todos llamado ¡En Marcha!, una brillante estrategia porque logró atraer tanto a Republicanos y Socialistas hartos del status quo.

El partido de extrema derecha, Frente Nacional, fundado por el padre de Marine, siempre ha estado en los márgenes. Esta vez se pensaba que tenía la mejor oportunidad de llegar a la cima solo porque ganaron el Brexit y Trump. Creo que el mundo puede dar un suspiro de alivio porque tal vez ya no se acabe el mundo en esta década.

Por eso opino que la elección de Macron no es un voto por la continuidad, como afirmó Le Pen, sino un rechazo a la anquilosada clase política. Ya sabemos cual es el desastroso resultado de dicho repudio en Estados Unidos. ¿Cuál será el de México en el 2018? No existe una alternativa equivalente a la de Macron. El PRI y el PAN ya demostraron que son lo mismo. Tal vez la gente decida darle una oportunidad al incansable AMLO. Será interesante.

En cuanto a Macron, para gobernar en el sistema de gobierno de Francia necesita el apoyo de miembros del parlamento que sean de su partido, el cual acaba de nacer. A principios de junio serán las elecciones parlamentarias. Para esto, ¡En Marcha! está furiosamente reclutando a sus candidatos con la promesa de que la mitad serán mujeres. Los 570 candidatos a la asamblea nacional tienen que elegirse por mayoría. Si no la obtienen hay una segunda vuelta, al igual que con las elecciones presidenciales. Si ¡En Marcha! no obtiene la mayoría en el parlamento, Macron tendrá dificultades para ejecutar su plan de gobierno.

Tampoco hay que olvidar que la tercera parte del electorado votó por Le Pen, quien proponía abandonar la Unión Europea y cerrarle la puerta a los inmigrantes. Millones de franceses están de acuerdo con ella.

Una última observación es que la campaña de Macron también fue víctima de hackeo, supuestamente de Rusia, al igual que la de Hillary, aunque no afectó los resultados.

 

 

 

 

 

Los primeros 100 días de Trump

La primera vez que se utilizaron los logros de los primeros 100 días de un gobierno como una medida de su éxito fue en 1933, cuando el mismo presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, estrenó la frase que ahora se utiliza en todo el mundo. Roosevelt llegó a la presidencia cuando la economía norteamericana estaba colapsada debido a la Depresión de 1929 y en muy corto tiempo tuvo que impulsar muchas leyes para enderezar al país, leyes que aún perduran.

burro

En México, en marzo del año 2013, el Presidente Enrique Peña Nieto pronunció un discurso haciendo alarde de sus logros durante los primeros 100 días de su gobierno. Si ustedes recuerdan, en ese entonces todavía teníamos la ilusión los mexicanos de que este gobierno sería diferente a los anteriores. También recuerden que EPN presentó la mayoría de sus reformas durante los primeros 100 días.

Los primeros 100 días son supuestamente importantes y especiales porque es el período de luna de miel cuando a los nuevos gobiernos se les brinda el beneficio de la duda.

El presidente Donald J. Trump está muy consternado porque el sábado 29 de abril cumple 100 días su presidencia y no tiene ningún logro que presumir. El empresario que decía que solo él con su habilidad innata de saber ganar resolvería los problemas del mundo está estancado. Su mal concebida orden de prohibir la entrada a Estados Unidos a ciudadanos de algunos países musulmanes ha sido dos veces rechazada por los tribunales. Su estrategia de retener fondos federales a las entidades que no apliquen su draconiana política migratoria también fue bloqueada. La cancelación de la ley de la salud conocida como Obamacare no pudo lograrse debido a la oposición de la extrema derecha de su propio partido. Trump es profundamente ignorante y al mismo tiempo imperioso, volátil y altanero, lo cual hasta el momento no le ha permitido armar un equipo confiable que le ayude a navegar los mares siempre turbulentos de Washington.

El Congreso tiene que aprobar a más tardar mañana viernes el presupuesto para que el gobierno pueda funcionar por los siguientes 6 meses. Trump se encajonó con esto al insistir que se incluyan fondos para la construcción del infame muro fronterizo, algo inaceptable para los demócratas y muchos republicanos. Antier sufrió la humillación de tener que retractarse de esta exigencia, lo cual por el momento parece que evitará que el gobierno cierre sus puertas temporalmente.

El gran logro de Trump es ser el presidente menos popular de la historia moderna durante los primeros 100 días de un gobierno norteamericano. El personal de la Casa Blanca vive en un estado de ansiedad y pánico porque no saben qué es lo siguiente que va a pasar. Se enteran de las prioridades cambiantes del presidente a través de sus explosiones de 140 letras en Twitter. Las capitales de los países de todo el mundo siguen tratando de descifrar la mente de Trump, una labor imposible. Su estilo es decir algo y al día siguiente lo contrario, algo que difícilmente cambiará.

Airbnb vs. los hoteles

Dediqué mis Cavilaciones de hace 15 meses a Airbnb, una empresa de Internet fundada en el año 2008 que en ese entonces empezaba a invadir el territorio de la industria hotelera. Las cadenas hoteleras todavía no veían a Airbnb como un riesgo importante. En la era tecnológica todo cambia muy rápido y hoy ya no tienen la misma opinión. Airbnb ofrece hospedaje en 190 países del mundo y tiene un valor como empresa de $30,000 MDD, más del triple que cuando escribí mi anterior artículo y 30% más que lo que vale la cadena Hilton. Más de 150 millones de viajeros se han hospedado en los más de tres millones de lugares disponibles. Airbnb ha logrado esta increíble creación de riqueza sin haber invertido un centavo para construir ni siquiera un solo cuarto de hotel.

airbnb

El modelo de negocios de Airbnb es muy sencillo. Si yo poseo un cuarto extra en mi casa o una mansión entera para docenas de personas que yo quiera rentar a corto plazo, me inscribo en Airbnb como proveedor para anunciar mi propiedad. Al mismo tiempo, los que buscan dónde hospedarse y prefieren no quedarse en un hotel, buscan los lugares disponibles en el sitio de Internet. Airbnb cobra una comisión por cada renta.

¿Cuáles son las ventajas? Quizás la principal es el precio. Acabo de visitar la Ciudad de México en donde estuve una semana en un departamento justo en el Paseo de la Reforma a dos cuadras de La Alameda y el precio por noche fue de menos de $1,000 pesos. El departamento de lujo era de dos recámaras con sala, cocina, comedor y dos amplios baños y con acceso al gimnasio y la alberca del edificio. Un hotel de lujo en esa zona puede costar dos o tres veces más.

¿Cuáles son las desventajas? Los lugares no tienen servicio de cuarto y tal vez no se hace la limpieza todos los días.

Las empresas hoteleras odian esta competencia porque dicen que a Airbnb no se le aplican las mismas reglas. No tienen que cumplir con los mismos reglamentos de protección y seguridad para sus huéspedes; no pagan impuestos hoteleros; no cumplen con las leyes contra la discriminación (algunos dueños han rechazado huéspedes a causa de su raza). Los municipios están aliándose con los hoteles porque los impuestos que recaudan están disminuyendo. Unidos reclaman que algunos vivales han construido hoteles que no registran como tales y que usan a Airbnb para conseguir a sus clientes. Otra queja es que el precio de las casas se ha inflado porque les conviene más a los desarrolladores rentarlas con Airbnb que venderlas.

El resultado de esto es una total disrupción (una de mis palabras favoritas) de la industria hotelera. En los siguientes meses o años se librará la batalla legal y mediática entre los hoteleros y Airbnb por el corazón de los viajeros (y sus carteras). Algunos hoteleros han declarado cándidamente que ya no pueden cobrar “hasta el límite de lo que aguantamos como lo hacían antes” debido a Airbnb. Así no se ganan corazones.