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Tijuana Insegura

Se quebró la pantalla de mi celular y busqué en el Internet lugares en Tijuana en donde los reparan. Hablé a tres talleres y varias cosas me sorprendieron. Primero que todos me cotizaran la reparación en dólares. Segundo que el costo fuera el mismo y muy alto (¡$90 dólares!). Tercero el que al llegar al establecimiento que escogí, solo porque harían la reparación más rápido, notar que la puerta de entrada era una reja metálica sin chapa, como la de una cárcel, que se abría por dentro oprimiendo un botón.

asalto

Al entrar le pregunté medio en broma al dueño: “¿Por qué tanta seguridad? ¿Qué roban mucho aquí?”. Me contestó con otra pregunta: “¿Usted dónde vive?”. Le contesté que he vivido en Tijuana la mayor parte de mi vida. “¿Y nunca lo han asaltado?”, masculló continuando el interrogatorio. Al decirle que no me felicitó por mi buena suerte. Sus negocios han sido asaltados numerosas veces y nunca han arrestado a nadie. Para el dueño del negocio, una persona muy competente y amable, lo normal en Tijuana es que te asalten. Yo, hasta la fecha, soy una excepción. No solo los comercios de la ciudad están amurallándose. El consultorio de uno de mis amigos médicos tiene el mismo sistema de entrada.

Estamos presenciando la normalización de la inseguridad. Tristemente son tantos los asaltos y asesinatos en nuestra abatida ciudad que parece que ya estamos acostumbrados y cada vez menos alarmados. Pero por debajo de esa aparente apatía está la realidad de que vivimos con temor y en un constante estado de alerta que no conducen a una buena calidad de vida.

La forma en que nos damos cuenta que la inseguridad está empeorando es cuando sabemos que alguien cercano a nosotros ha sido víctima de un crimen. Tengo el privilegio de pertenecer a un grupo de amigos que nos reunimos todos los miércoles a comer. La semana pasada, cuando disfrutábamos nuestro convivio, uno de los miembros del grupo recibió una llamada de su madre, de 72 años de edad, para comunicarle que la acababan de asaltar en un centro comercial en el Blvd. Díaz Ordaz. Al salir de una tintorería, a plena luz del día, un individuo le presionó una pistola en las costillas y le pidió que le entregará su bolsa. Al hacerlo la empujó contra su carro y se golpeó con uno de los espejos retrovisores. Después apuntó la misma pistola a su amiga, quien estaba dentro del auto, y también le robó su bolsa. El asaltante corrió a un carro que lo esperaba y se fugó. No arrestaron a nadie.

Confieso que me impactó mucho el asalto a la madre de mi querido amigo. Me indigna sentirme impotente y no saber qué puedo hacer para prevenir estos crímenes para que nuestra ciudad goce del ambiente de seguridad que nos merecemos los tijuanenses. Me entristece leer todos los días en este periódico y en otros los reportajes sobre robos, asaltos y asesinatos. Pensé que lo mínimo que podía hacer es escribir estas Cavilaciones.

 

El gobierno espía a sus ciudadanos

El diario New York Times publicó el lunes 19 de junio un reportaje que alega que el gobierno federal de México espía ilegalmente a los ciudadanos que le resultan incómodos. El artículo es devastador porque es muy difícil de refutar.

spy

La herramienta de spyware (software para espiar), llamada Pegasus, la desarrolló la compañía israelí NSO Group, que solo vende su producto a instituciones gubernamentales de todo el mundo con el fin de combatir el terrorismo y el crimen organizado. Funciona de la siguiente manera: a las víctimas se les envían mensajes de texto a sus teléfonos celulares para inducirlos a que hagan click en alguna parte de la pantalla. Esta es una variación de la técnica de phishing que utilizan los ladrones comunes para robar identidades y solicitar rescates del secuestro de datos (dediqué mis Cavilaciones a este tema en el mes de abril y las pueden leer en mi blog). En este caso, desde momento de hacer click, los espías pueden escuchar las llamadas, leer los mensajes de texto, inclusive los cifrados, leer los correos electrónicos y ver los calendarios de las víctimas.

En esta era digital, en donde los terroristas y el crimen organizado utilizan la tecnología para lograr sus objetivos, Pegasus es una herramienta invaluable. Empresas como Apple y Facebook siguen la doctrina de proteger la privacidad de sus clientes, algo que puede impedir que las autoridades investiguen delitos. Ya hubo un caso famoso en el que Apple rehusó ayudar al FBI a abrir el iPhone de un terrorista. ¿Por qué estas empresas quieren proteger tan celosamente la información de sus clientes? Porque entienden que cada día hay mas tipos de crímenes digitales y que la mejor manera de prevenirlos es proteger los datos privados. Si la acusación del NYT resulta cierta, no solo son los criminales a los quienes hay que temerles, sino también al mismo gobierno cuando hace mal uso de las herramientas de espionaje.

Entre las personas que supuestamente ha espiado el gobierno federal (no hay manera de probarlo), se encuentran los críticos del gobierno, incluyendo los abogados de los 43 desaparecidos de Ayotizanapa, Carmen Aristegui y su hijo, Carlos Loret de Mola y muchos otros más. Se puede comprobar que han sido víctimas de espionaje porque el spyware deja huellas en el teléfono.

NOS Group afirma que su contrato especifica que el uso de Pegasus será solo para combatir el crimen y el terrorismo. Instalan el producto ellos mismos y dicen que es imposible replicarlo en otros sistemas. Pero tampoco tienen la manera de, ya estando instalado, monitorear su uso.

Bajo las leyes mexicanas, solo un juez federal puede autorizar el monitoreo de las comunicaciones privadas, y solo cuando existe una razón que lo justifique. Es dudoso que un juez aprobara vigilar a ciudadanos cuyo principal propósito es defender la libertad de expresión y luchar contra la corrupción. ¿No?

Todo esto demuestra, una vez más, que los avances tecnológicos son armas de dos filos. No existe una sola tecnología que se haya inventado para el bien común que no se utilice también para perjudicarnos.

La Bancarización en México

La transformación milagrosa de Brasil durante el gobierno de Inázio Lula da Silva encumbró al país como ejemplo de cómo hacer detonar una economía que nunca antes había alcanzado su potencial. El mundo entero vio con admiración cómo las políticas de Lula da Silva liberaron a millones de personas de la pobreza. Este logro se cimentó con una estrategia de bancarización de las clases populares. En el Brasil de antes de Lula, un gran porcentaje de la población no tenía acceso a los servicios bancarios.

Bancarización se refiere al uso masivo de los sistemas financieros formales por parte de los individuos para realizar transacciones económicas. De acuerdo con varios reportes, incluyendo uno de BSLatAM, una organización que realiza estudios sobre la banca, Brasil es hoy el país más bancarizado de Latinoamérica, seguido por Chile. México ocupa uno de los lugares más bajos con un porcentaje de 21%, por debajo de Guatemala (37%) y El Salvador (40%). En los países desarrollados el porcentaje de bancarización es mayor que 90%.

Según un reporte del Banco Mundial del año 2012, más de la mitad de los hogares mexicanos no tienen cuenta bancaria. En la enorme economía informal mexicana, la mayoría de la población utiliza dinero en efectivo que nunca visita los bancos para sus transacciones financieras.

La bancarización beneficia a los países. ¿Por qué en México es tan baja? Hay muchos motivos. Uno de ellos es la dificultad de trabajar con los bancos mexicanos. Para abrir una cuenta en Canadá solo necesito presentar mi licencia de manejar y el proceso de abrirla dura unos cuantos minutos. No tengo que presentar una identificación, un comprobante de domicilio y un acta de nacimiento original (¿por que siempre tenemos que presentar actas originales?).

El dinero de una cuenta de cheques puede esfumarse debido a las cuotas que cobran por expedir cheques y por no mantener un balance mínimo. Los intereses de los préstamos son altísimos. En Estados Unidos, por ejemplo, los intereses hipotecarios para un préstamo hipotecario a 15 años es menos de 3%. El sitio Web de Bancomer anuncia la gran oportunidad de un préstamo hipotecario con un interés de 9.5%, más del triple que en Estados Unidos.

Lo mismo pasa con los intereses de las tarjetas de crédito. Tal vez por eso solo se utilizan 15 millones en todo el país, lo cual representa un porcentaje de penetración de los más bajos del mundo. Aun así somos el país número uno del mundo en el número de fraudes con tarjetas de crédito (Forbes, 2012).

El bajo nivel de bancarización es un obstáculo para el crecimiento del país, pero no es una panacea para lograrlo. Volvamos a Brasil que hoy ya no es un ejemplo a seguir. Aunque funcionó la bancarización, la exuberancia irracional sobre el futuro grandioso que se pronosticaba para el país no tomó en cuenta que el combustible eran los recursos naturales, incluyendo el petróleo, cuyos precios por naturaleza son muy volátiles. Tampoco se consideró que es mucho más fácil fomentar la bancarización que erradicar la corrupción.

México y el Petróleo Barato

El colapso del precio del petróleo que dio inicio a fines del año 2014 continúa sin cesar. Esto beneficia a los consumidores de productos derivados como la gasolina. En Estados Unidos, por ejemplo, ya hay rumores de que en algunas regiones su precio podría llegar hasta $1 dólar por galón. Los consumidores mexicanos no gozan de este beneficio porque el precio de la gasolina aún no lo dicta el mercado. Por el momento el costo de la gasolina magna es de $16 pesos, 25% más que el promedio actual en Estados Unidos.

Los perjudicados son los llamados petroestados, como México, cuya economía depende de su producción de petróleo. Nuestro país sufrirá doblemente debido a que la producción de petróleo mexicano continúa disminuyendo notablemente. La producción diaria actual es de 2.3 millones de barriles, casi 30% menos de lo que era hace una década. El impacto negativo de la baja del precio es algo terrible para México debido a que el 30% de los ingresos del gobierno provienen de las ventas de petróleo.

México ha evitado un verdadero cataclismo fiscal debido a que ha obtenido seguros que cubren la diferencia entre el precio del presupuesto y el precio real. Lo mismo sucedió este año con un seguro que garantiza un precio de $49 dólares por barril (el precio de la mezcla mexicana se cotizó hoy en ¡$20 dólares por barril!). Pero por más buena que sea esta estrategia, no puede continuar indefinidamente. La tasa de crecimiento anual de nuestro país es menor a la del promedio de todo el mundo. Los pronósticos del Fondo Monetario Internacional estiman un crecimiento mundial de 3.8%. Para México el pronóstico es de 2.6%. Mientras los ingresos por ventas de petróleo disminuyen, las otras áreas de nuestra economía no han crecido de tal manera que compensen por la baja en los precios del crudo.

Para resolver el problema de que el gobierno mexicano no tiene los ingresos necesarios debido a la situación causada por el bajo precio del petróleo, solo se mencionan unas cuantas alternativas. Los gobiernos del mundo fomentan en gran parte sus economías con obras públicas, contratos que el gobierno otorga para construir puentes, carreteras, escuelas, etc. Pero México este año no tiene los ingresos suficientes para obras de infraestructura. Por lo tanto no se puede resolver el problema apretando el cinturón porque el presupuesto ya está raquítico. Se podrían subir los impuestos, pero esto es algo que el pueblo no apetece y que el secretario de hacienda ha prometido que no sucederá. El gobierno podría pedir más dinero prestado. Pero en los primeros tres años del gobierno de Peña Nieto la deuda pública ha aumentado tremendamente. Esta solución tiene el riesgo de afectar la calificación crediticia del país, lo cual implicaría intereses más altos y condiciones más onerosas. ¿Entonces qué?

Hay una tercera alternativa que casi no se menciona: reducir la corrupción. México podría crecer mucho más y generar más oportunidades para todos si dejara de ser uno de los países más corruptos del mundo. ¿Creen ustedes que esto pueda suceder?

¿Qué nos Merecemos?

La Paz, BCS fue el primer lugar al que llegué cuando regresé a México después de residir treinta años en Estados Unidos. Llegué al Puerto de Ilusión frente a la costa del Mar Bermejo a fines del año 2005. Comparada con los lugares en donde yo había vivido anteriormente, tanto en México como en el país del norte, la vida paceña era como estar sumergido en una película de cámara lenta. Con el tiempo me di cuenta que aún a ritmo pausado, sucedían cosas a las cuales yo no estaba acostumbrado.

Los automóviles transitaban a muy baja velocidad, pero eso no implicaba que se respetaran los altos de disco, los cuales solo servían de adorno. Rara era la ocasión en que alguien parara en un alto. Cuando yo lo hacía invitaba a que cuando menos me vieran como bicho raro.

Me llamó la atención que había algunos talleres automotrices con grandes letreros que decían: “Se compran catalizadores”. La mayoría de los autos con catalizadores en La Paz eran importados de Estados Unidos o de turistas. Los letreros eran una descarada propaganda de negocios que compraban partes robadas. En aquella época yo tenía un Ford Explorer con placas de Colorado, el cual poseí por varios años hasta que me mudé a Tijuana. Le quise sacar placas de California pero primero había que pasar la prueba de emisiones, la cual mi auto reprobó contundentemente. Me informaron que el vehículo no tenía catalizadores. Alguien se los adjudicó en alguno de los talleres a donde lo llevé para darle mantenimiento. Robarse un catalizador no es obra sencilla. Hay que cortar los tubos de escape y volver a unirlos como si fuera un bypass de arterias, excepto que por éstas transita solo humo.

Debido a que estaba construyendo unos locales comerciales, me hice amigo del encargado de los servicios de abastecimiento de agua en el centro de la ciudad. Un día, misteriosamente desapareció de su caja en la acera uno de los medidores de agua de los locales. Al reportarlo él me platicó con tristeza que tan solo en nuestra zona se robaban docenas de medidores al mes. ¿Por qué era esto un incentivo para los ladrones?

Una gasolinera lucía una cartelera enorme que decía con orgullo: “¡Vendemos litros completitos!” Tal era mi ignorancia que no entendía el motivo del anuncio hasta que alguien me informó que la mayoría de las gasolineras hacían chanchullo y los litros eran solo una ilusión, así como el puerto. Me describieron varias técnicas para ordenar gasolina que supuestamente mitigarían el fraude pero las cuales ignoré.

Mi amigo el sabio empresario aquí en Tijuana me dice con tristeza que pasa lo mismo en todos lados. Le consta que las mismas organizaciones de gobierno cuya función es protegernos como consumidores participan en los negocios que nos exprimen los centavos todos los días. Alejandro G. Iñárritu, en sus palabras al aceptar el Oscar, dijo que ojalá México tuviera algún día el gobierno que se merece. ¿No será que ya lo tenemos?