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El gobierno espía a sus ciudadanos

El diario New York Times publicó el lunes 19 de junio un reportaje que alega que el gobierno federal de México espía ilegalmente a los ciudadanos que le resultan incómodos. El artículo es devastador porque es muy difícil de refutar.

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La herramienta de spyware (software para espiar), llamada Pegasus, la desarrolló la compañía israelí NSO Group, que solo vende su producto a instituciones gubernamentales de todo el mundo con el fin de combatir el terrorismo y el crimen organizado. Funciona de la siguiente manera: a las víctimas se les envían mensajes de texto a sus teléfonos celulares para inducirlos a que hagan click en alguna parte de la pantalla. Esta es una variación de la técnica de phishing que utilizan los ladrones comunes para robar identidades y solicitar rescates del secuestro de datos (dediqué mis Cavilaciones a este tema en el mes de abril y las pueden leer en mi blog). En este caso, desde momento de hacer click, los espías pueden escuchar las llamadas, leer los mensajes de texto, inclusive los cifrados, leer los correos electrónicos y ver los calendarios de las víctimas.

En esta era digital, en donde los terroristas y el crimen organizado utilizan la tecnología para lograr sus objetivos, Pegasus es una herramienta invaluable. Empresas como Apple y Facebook siguen la doctrina de proteger la privacidad de sus clientes, algo que puede impedir que las autoridades investiguen delitos. Ya hubo un caso famoso en el que Apple rehusó ayudar al FBI a abrir el iPhone de un terrorista. ¿Por qué estas empresas quieren proteger tan celosamente la información de sus clientes? Porque entienden que cada día hay mas tipos de crímenes digitales y que la mejor manera de prevenirlos es proteger los datos privados. Si la acusación del NYT resulta cierta, no solo son los criminales a los quienes hay que temerles, sino también al mismo gobierno cuando hace mal uso de las herramientas de espionaje.

Entre las personas que supuestamente ha espiado el gobierno federal (no hay manera de probarlo), se encuentran los críticos del gobierno, incluyendo los abogados de los 43 desaparecidos de Ayotizanapa, Carmen Aristegui y su hijo, Carlos Loret de Mola y muchos otros más. Se puede comprobar que han sido víctimas de espionaje porque el spyware deja huellas en el teléfono.

NOS Group afirma que su contrato especifica que el uso de Pegasus será solo para combatir el crimen y el terrorismo. Instalan el producto ellos mismos y dicen que es imposible replicarlo en otros sistemas. Pero tampoco tienen la manera de, ya estando instalado, monitorear su uso.

Bajo las leyes mexicanas, solo un juez federal puede autorizar el monitoreo de las comunicaciones privadas, y solo cuando existe una razón que lo justifique. Es dudoso que un juez aprobara vigilar a ciudadanos cuyo principal propósito es defender la libertad de expresión y luchar contra la corrupción. ¿No?

Todo esto demuestra, una vez más, que los avances tecnológicos son armas de dos filos. No existe una sola tecnología que se haya inventado para el bien común que no se utilice también para perjudicarnos.

Terrorismo y Tecnología. Segunda Parte.

En mis Cavilaciones de la semana pasada mencioné que el mundo es muy diferente hoy a lo que era hace apenas 5 años debido a la ubicuidad de los teléfonos inteligentes y las redes sociales. Una consecuencia directa de la conectividad permanente, es que involuntariamente estamos compartiendo información personal que las empresas y los gobiernos procesan para crear un perfil de cada uno de nosotros. Estos datos pueden utilizarse para fines inocuos, aunque fastidiosos, como lo es bombardearnos con anuncios de publicidad hechos a la medida diseñados usando la información de nuestro perfil.

Los gobiernos pueden utilizar las nuevas tecnologías de comunicación para vigilarnos. Un gobierno benévolo, si tal bestia existe, no nos causa ningún daño evidente al espiarnos. El gobierno francés, por ejemplo, pudo identificar muy rápidamente a los terroristas que atacaron Paris usando los rastros que dejaron en las redes sociales. Pero en manos de un gobierno autoritario, nuestra información puede usarse para perseguir a los disidentes y a los que tengan opiniones contrarias. Cuando observo la retórica estridente de Donald Trump, quien continua como líder en las encuestas para ser el candidato del partido republicano para presidente de los Estados Unidos, no dejo de imaginarme las maneras que podría utilizar las nuevas tecnologías para espiar y perseguir a los mexicanos y a los inmigrantes del Medio Oriente.

El ímpetu de proteger nuestra privacidad es un arma de dos filos. Por un lado nos protegemos de los posibles abusos de los organismos de gobierno. Por el otro le damos túneles de comunicación secretos a organizaciones criminales. Y sin costo alguno.

Hay muchas otras tecnologías que facilitan las comunicaciones privadas que aún no son muy populares, pero que ya son notorias porque las utilizan las organizaciones terroristas. Un grupo de investigadores de la academia militar de West Point recientemente listó las tecnologías que recomienda el Estado Islámico (ISIS) a sus simpatizadores. La elección para teléfono inteligente es el BlackPhone, “un producto diseñado para ser privado desde sus cimientos”, como lo anuncia su página de Internet. Paradójicamente, el mercado que busca Blackphone son las empresas que quieren mantener privadas sus comunicaciones para proteger su propiedad intelectual y los gobiernos que quieren proteger sus “misiones críticas” dentro y fuera de sus países.

Para enviar mensajes, ISIS utiliza aplicaciones como Telegram (hay otras), un sistema que envía mensajes cifrados que después se autodestruyen. Por cierto, Telegram está creciendo muy rápido y amenazando el liderazgo de Whatsapp. Para navegar el Internet, utilizan la red anónima Tor. Cuando utilizo el navegador de Tor, nadie sabe quien soy ni donde estoy. El producto es gratuito y su meta es ayudar “a defendernos de la vigilancia que amenaza nuestra privacidad y libertad, nuestras relaciones personales, y de los aparatos de seguridad del estado”.

El gran problema es que los individuos, los gobiernos, las empresas y los terroristas quieren la misma cosa: privacidad en sus comunicaciones. Los canales de comunicación privados sirven tanto a los buenos como a los malos. Desgraciadamente no existe una tecnología que solo puedan utilizar los buenos.